El consejero de la Presidencia, Xavier Trias, celebró ayer su Diada más singular: en el corazón de La Habana Vieja y por primera vez fuera de Cataluña, compartió mesa con un comandante de pelo canoso que hace 40 años bajó de Sierra Maestra con sus compañeros barbudos. José Ramón Fernández y Trias presidieron junto al embajador español, Eduardo Junco, la reapertura de la Societat de Beneficència de Naturals de Catalunya, una entidad creada en 1841 para acoger a los catalanes que no hicieron fortuna mientras Cuba fue colonia española. Si exótica fue para Trias la jornada, no lo fue menos para los cubanos, que ya en la víspera de la Diada tuvieron la sorpresa de ver sustituidos los tradicionales grupos de salsa de la plaza de la catedral de La Habana por una docena de músicos vestidos de gris que interpretaban Girona aimada, Baixant de la Font del Gat y Maria de les trenes. Entre los viandantes se repartían folletos explicativos: "La sardana es la danza del pueblo catalán, un pueblo del noreste del Estado español, y representa su espíritu". Pero las sardanas de la Cobla Mediterrània no conseguían que nadie arrancase hasta que gracias al impulso entusiasta del secretario general de la Presidencia, Joaquim Triadú, se formó una rotllana contemplada entre el interés antropológico y la curiosidad por los cubanos. Trias lo observaba en la distancia, mientras charlaba con Josep Ynglada, presidente del Centro Catalán, que vive desde 1935 en Cuba, quien le comentaba que en la entidad que dirige han aprendido a bailar sardanas gracias a un maestro cubano -"un mulatito"- que se hizo con un vídeo de la Generalitat. Una paradoja en un país de paradojas, al que Cataluña dio traficantes de esclavos como Antonio López, marqués de Comillas, y libertadores como Josep Miró, que luchó al lado de Antonio Maceo. Los catalanes llegaron a ser mayoría entre la inmigración general española, pero ahora sólo quedan en Cuba 133 catalanes de nacimiento, según recordó el presidente del Centro Catalán. Ayer, 11 de septiembre, entre paradojas y contradicciones, en el restaurado centro de los catalanes de La Habana se pudieron escuchar los himnos de Cuba, España y Cataluña.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 12 de septiembre de 1999