Malagueño. Economista. Nacido en 1963. Hasta que no se revele el nombre del próximo director titular de la Orquesta Ciudad de Málaga (OCM), él solo lleva el barco de una de las orquestas con más presente y futuro de España. Fue administrativo de la OCM durante cinco años y ascendió internamente. De números se las sabe todas y de los músicos, por familia, también.Pregunta. En la presentación de la OCM, los dos patronos, Junta y Ayuntamiento, están de acuerdo hasta en lo del Auditorio del Puerto.
Respuesta. Mi trabajo como gerente es llegar a consensos. Lamento que, para la prensa, este año se lleven bien las dos administraciones, pero los ciudadanos de a pie lo agradecemos. Y la orquesta, también.
P. ¿El aumento de abonados justifica el Auditorio?
R. Dan un empujón. Pero no se debe asociar un auditorio al número de abonados de la orquesta. Un auditorio es una cuestión de ciudad.
P. ¿Qué hace como gerente?
R. Consensuar mucho... La orquesta tiene su parte artística, que a falta de titular, la ha llevado una comisión de expertos. Pero luego están los dineros. Y si fallan, por muy bien que toques...
P. ¿Qué supone la marcha del maestro Odón Alonso?
R. Le tenemos mucho cariño. Gran parte de él se queda. Pero ha llegado la hora de aires nuevos.
P. ¿Quién le va a sustituir?
R. Que lo haga quien tenga que hacerlo. Está claro que debe ser alguien más joven, con prestigio y mano dura. Capaz de evitar apalanques y crear estímulos.
P. Penderecki, López Cobos, Rahbari, Valdés, Cecatto, Achúcarro... Para no tener titular, este año es un lujo
R. Hay que tener al público motivado. A ver si se entera la gente de Málaga de lo buenos que somos. Los directores que vienen aquí se sorprenden de este pedazo de orquesta. Ya podemos contratar a cualquier director.
P. Una orquesta es una empresa muy peculiar...
R. Los músicos son complicados. Hay quien dice que son peseteros. Falso. Son gente que permanece en perpetuo estado de ansiedad. ¿Sabes el miedo que tiene un violinista a hacerse un corte en el dedo o un trompetista a que le salga una fiebre en el labio?.
P. Se sigue considerando la clásica como música de élite.
R. Y es un absurdo. Al que le gusta, parece que tenga vergüenza de reconocerlo. Vas con el coche escuchando techno a toda pastilla y parece normal. Te pones una ópera al mismo volumen y te miran como si estuvieras loco.
P. ¿Por qué no traen una superestrella tipo Plácido Domingo?
R. ¿Para qué? ¿Para tener un agujero negro con lo que cuesta un contrato así? Estamos muy saneados y estamos perfectamente.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de octubre de 1999