Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra
Tribuna:

Derecha contra izquierda JOSEP RAMONEDA

No es la política un terreno propicio para la imaginación. Y mucho menos en campaña electoral. Se acerca la hora de la verdad y se apela a los tópicos de siempre. Pujol promete que no gobernará con el PP, Duran Lleida pide el voto útil para impedir la victoria de la izquierda, Maragall se acuerda de Felipe González para movilizar la abstención. A medida que se acerca el momento decisivo, todos se olvidan de los experimentos -tímidos experimentos, por otra parte- y van a lo aparentemente seguro, el discurso de toda la vida. Poco importa que la doctrina pujolista considere obsoleta la distinción entre derecha e izquierda porque el nacionalismo se considera por encima de estas contradicciones. La campaña llega al momento de pasar el último rastrillo y Duran Lleida recupera el fantasma de la izquierda como si de pronto regresáramos a la democracia cristiana de guerra fría. Maragall ha hecho esfuerzos denodados para ganar a Pujol en el terreno del nacionalismo, pero ante lo quimérico del empeño se acuerda del felipismo. La verdadera ideología de nuestro tiempo consiste en hacer creer que están superadas contradicciones que son perfectamente reales. A la hora de buscar el último argumento, para arrancar los votos más resistentes, las contradicciones reviven.Pero vayamos por partes. Pujol promete no gobernar con el PP porque la gente no lo quiere. Y tiene razón: ni siquiera gobernar en Madrid le ha servido al PP para arrastrar voluntades en Cataluña. Pujol sigue siendo el voto útil de la derecha. Pero no hay promesa política que resista a la amenaza de la pérdida del poder. ¿Qué pasaría si Pujol necesitara forzosamente del PP para gobernar en Cataluña?, ¿mantendría Pujol su promesa? Como ya se demostró en las elecciones generales del 96, cuando el PP y Convergència pactaron después de haberse dado estopa durante toda la campaña, la responsabilidad y la estabilidad son argumentos que permiten romper cualquier promesa.

Duran llama a la movilización contra la izquierda, como piden los cánones de la lucha electoral. Da igual que con esta afirmación se liquiden muchos años de pedagogía nacionalista explicando que ellos no son ni de derechas ni de izquierdas. Se entendería este discurso si fuera dirigido exclusivamente al electorado del PP en permanente cruzada centrista contra la izquierda arcaica, pero resulta que Duran quiere que los electores de Esquerra se apunten también a la movilización contra el fantasma socialista. En campaña electoral todo es posible. Al PP se le dice que nunca se gobernará con él e inmediatamente se pide el voto a sus electores. A los electores de Esquerra se les convoca contra la izquierda, ¿tiene Carod algo que decir ante esta amalgama?

Maragall opta por el posibilismo. Primero cambiar era ganar, ahora se rebajan los presupuestos. Basta con votar para ganar. ¿Y quiénes tienen que votar? Los que no acostumbran hacerlo. Ahora toca Felipe, el viejo mago hacedor de maravillas electorales. ¿No se ha apurado demasiado? Nada da más alegría que conquistar el voto ajeno. Pero el voto propio también quiere cariño. Y Maragall se ha entretenido tanto cortejando al voto pujolista que ahora todo son prisas. Y ante las prisas: Felipe. Los jueves, milagro.

Intentar la cuadratura del círculo de vencer a Pujol en su terreno obligaba a situar a Maragall por encima de toda miseria partidista. Ello ha creado algunos desajustes que han afectado a su campaña. Mientras que Pujol tenía una guardia pretoriana dispuesta a atacar y responder en todos los frentes mientras él ocupaba pantalla, Maragall no ha tenido nadie que rematara sus insinuaciones o respondiera a las provocaciones. Maragall también quiso izarse sobre la división derecha-izquierda. Y sin embargo, entramos en la última semana con la derecha movilizándose para impedir que la izquierda gane. A la hora de la verdad todas las campañas pasan por el mismo punto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de octubre de 1999