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Interior envía 50 superagentes a Málaga para combatir la reciente ola de crímenes

Policías especializados en informática y economía investigan a grupos de narcotraficantes

Unos cien traficantes de hachís traen de cabeza a la policía en la provincia de Málaga. Son británicos, franceses, italianos, belgas y holandeses en su mayoría. La policía posee el nombre y el domicilio de muchos de ellos, sabe por dónde y con quiénes se mueven. Han provocado muertes en plena calle. Pero los agentes de Málaga no dan a basto. Por eso, al menos 50 funcionarios especializados en narcotráfico serán destinados allí. Tratarán de combatir la ola de violencia desatada hace siete meses. Desde entonces, 12 personas han sido asesinadas.

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Para combatir a los narcotraficantes no se necesitan sabuesos con mucho olfato. "Eso ya está muy desfasado. Lo que necesitamos son expertos informáticos que sepan cruzar datos y analizar la información, gente que sepa rastrear en las cuentas bancarias, en los títulos de propiedad, gente con idiomas. La investigación económica se tiene que convertir en el centro de las investigaciones. Es un cambio de filosofía. Tenemos que desenmarañar todo lo que se esconde en Gibraltar", señala un responsable policial.La racha de crímenes comenzó el 29 de marzo cuando un monitor de gimnasia de 31 años y su hermano de 21 fueron asesinados a tiros. La policía detuvo en una semana a los presuntos culpables. Había hasta un policía local en la trama que fue quien suministró las armas. Detrás de todo se escondía una lucha entre bandas que competían por ofrecer protección a bares y discotecas.

Dos meses después, el 28 de junio, dos franceses de origen argelino fueron asesinados cuando salían de cenar en el restaurante El Zoco, de Mijas. Se trataba de Patrick Zurita y Abdelhakin Yahiaoui. Primero se habló de que fueron cuatro pistoleros los que dispararon. Pero fuentes de la Guardia Civil han informado a este periódico de que se trataba de una sola persona y ya está detenida. "Es un francés. Mantiene que él no conocía de nada a los muertos. Y seguramente es verdad. Vino sólo a matarles. Es un sicario. ¿La causa? Un ajuste de cuentas. No sabemos si la pirula la cometió Zurita aquí en Marbella, que se quedó con algo de dinero. O bien la hizo en Francia. El caso es que el sicario les disparó en plena calle. Zurita se refugió herido en los lavabos. Pero el otro, como si esto fuera Chicago en los años 20, entró en el bar a cara descubierta y allí lo remató", señala un agente de la Guardia Civil.

Dos meses más tarde, el 31 de agosto, cinco encapuchados robaron a punta de metralleta 537 millones en el aeropuerto. La policía aún sigue asombrada de que en los dos coches que emplearon no dejaran ni una sola huella. Hasta el momento, los agentes han investigado varios caminos que no han llevado a ningún lado. "Hemos invertido muchas horas, pero seguiremos investigando. No hay tanta gente en Europa que pueda dar un golpe así", señalan.

El caso siguiente nada tuvo que ver con la droga ni con los delincuentes de cuello blanco. Se trataba del feriante de 19 años Antonio V. F. Antonio piropeó a la mujer de Juan Antonio R. G., comenzó una discusión, y el feriante murió apuñalado. En un minuto. Ocurrió el 16 de agosto. Y tres días después se produjo otra muerte. Esta vez, ralacionada con el hachís. La víctima fue Rachid B., de 45 años, argelino. Murió en la terraza de un bar de Marbella. Llevaba, igual que Zurita y Abdelhakin Yahiaoui, poco más de un mes fuera de la cárcel. La policía ha averiguado que Rachid acudía en ese momento a una cita. Y que la persona con la que había quedado en el bar El Tapeo no acudió. Mandó a otra para matarlo. ¿La causa? "Ajustes de cuentas", señala un agente. "Pero aún no hemos dado con el asesino".

Sólo 24 días más tarde, el 12 de septiembre, sucedió otro crimen que convulsionó la provincia. Se trataba de la muerte del francés Gilles Hierro y su amigo Gerard Alain Cocorocchia. Gilles poseía negocios legales de compra y venta de vehículos, estaba casado con una mujer colombiana y tenía una amante de ese mismo país en Madrid a la que había dejado embarazada. Convivía con su esposa y con el hermanastro de ella. La policía lo tenía fichado por narcotráfico. Pero aquella noche no lo mataron por nada relacionado con la droga. Aquel domingo llamó a su amigo Alain porque pretendía abandonar a su esposa y marcharse a Madrid. Pero cuando se estaba duchando, como si se tratara de la película Psicosis, su mujer entró con una piedra del jardín y le machacó la cabeza. Salió dando tumbos para escapar y entonces su cuñado lo remató a tiros. Alain Cocorocchia intentó escapar. Pero el cuñado de Gilles Hierro salió a la calle y lo mató también.

Tres cadáveres

Nueve días después, el 21 de septiembre aparecieron tres hombres muertos en una casa de la barriada malagueña de Puerto de la Torre. La policía cree saber ya quiénes les mataron y por qué. Sólo espera reunir una prueba más y que el juez ordene la detención. "Se trata de traficantes de cocaína españoles de medio pelo. Esto hace unos años se arreglaba con pinchazos en las piernas. Ahora les ha dado por matarse. Hemos descubierto que los asesinos entraron en una primera casa donde estaban estos tres. Les torturaron con tiros en las piernas para que cantaran y confesaran dónde estaban la droga o el dinero. Y al final, cantaron. Fueron a una segunda casa donde les entregaron lo que pedían. Y después les mataron. Ese caso, creo que lo vamos a resolver dentro de poco", señala un mando policial.Detrás de las pistolas y los tiros, siempre hay cuentas bancarias, barcos, apartamentos, coches. Para investigar estas propiedades llegarán los 50 superagentes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de octubre de 1999