El teniente general Mike Jackson ha concluido sus cuatro meses al mando del ejército de ocupación que controla Kosovo, en medio de una relativa paz, sin saber cuál puede ser el futuro de la región, pero convencido de que su misión ha suavizado las peligrosas tensiones que han generado históricamente los Balcanes entre Rusia y Occidente.Sea cual sea el resultado de los acontecimientos en Chechenia, la cooperación entre la OTAN y Rusia en materia de pacificación ha evolucionado de tal forma que permite suponer que el hipotético riesgo de una III Guerra Mundial ha remitido.
Aunque ésa no era la tarea asignada a Jackson en Kosovo. Vigilar la retirada de los ocupantes del ejército serbio en junio, reconstruir la maltrecha infraestructura de la provincia, esforzarse para evitar que los albanokosovares con deseos de venganza y los civiles serbios que quedaban no se masacraran entre sí: ésa es la misión confiada a la KFOR, la fuerza internacional de pacificación que Jackson ha dirigido hasta terminar su periodo de servicio el pasado viernes.
Sin embargo, pese a estar absorbido en las exigencias tácticas cotidianas del trabajo más difícil que dice haber realizado jamás, este británico, veterano de Bosnia e Irlanda del Norte, nunca ha olvidado que la amenaza más desastrosa para la paz mundial no reside en los propios Balcanes, sino en la nación del norte, inmensa, volátil e infestada de armas nucleares.
En la última entrevista concedida a un periódico antes de abandonar el mando, esta semana, Jackson, de 55 años, afirma a EL PAÍS que no pueden surgir "más que beneficios" de una cooperación militar que, a su juicio, ha sido trascendental entre las fuerzas rusas y las de la OTAN que constituyen la KFOR. En la conversación, celebrada en el cuartel general de las fuerzas de pacificación en Pristina, la capital de Kosovo, Jackson indica que la campaña de bombardeos de la OTAN contra Yugoslavia en primavera provocó un enfriamiento de las relaciones entre Occidente y Rusia, que por razones históricas tiende a aliarse con los serbios. "A largo plazo", explica, era tremendamente importante establecer las mejores relaciones posibles con los rusos. La experiencia de trabajar con soldados rusos sobre el terreno ha sido "extraordinariamente buena", y acabará demostrando, confía, importantes ventajas estratégicas.
El énfasis de Jackson en los resultados positivos de la cooperación entre la OTAN y Rusia en Kosovo parece apoyar las informaciones aparecidas en medios estadounidenses de que el general desobedeció una orden del jefe militar de la OTAN, el general Wesley Clark, al comenzar el avance de la KFOR hacia Kosovo en junio, por miedo a que pudiera precipitar el principio de "la III Guerra Mundial". Jackson se ha negado siempre a comentar las informaciones, y probablemente seguirá haciéndolo, al menos, hasta que se retire del Ejército. (También se niega a hablar sobre los meritos o deméritos de la campaña de bombardeos de la OTAN, en la que no tuvo participación personal.)
Según Newsweek, que fue el primer medio en publicar la noticia, el general norteamericano estaba tan ansioso por impedir que el contingente ruso de la KFOR se hiciera con el control del aeropuerto de Pristina que ordenó a Jackson que se apoderara de él mediante un asalto aerotransportado. "No voy a iniciar la III Guerra Mundial por usted", respondió, al parecer, Jackson. Al final, los rusos se quedaron con el aeropuerto y, según Jackson, las relaciones han ido como la seda desde entonces.
Si los hechos parecen haber dado la razón a Jackson, será, al menos en parte, porque posee una ventaja de la que carece el general Clark: comprende Rusia y a los rusos mejor que la mayoría de los militares. Fue miembro del cuerpo de espionaje del Ejército británico durante la guerra fría, habla ruso y posee una licenciatura en estudios rusos. Su visión estratégica y su reputación de soldado políticamente hábil deben mucho a una trayectoria en la que ha ocupado diversos puestos en la OTAN, el último de los cuales fue el de jefe de la Fuerza de Reacción Rápida, un cargo que asumió en febrero de 1997 y que seguirá ejerciendo hasta finales de año en Alemania.
Pero el general Jackson no es puro cálculo. Es un hombre más sentimental de lo que parece. Este inglés alto, al que apodan Darth Vader o Príncipe de las tinieblas, posee la voz áspera, los rasgos angulosos y los ojos glaciales de un personaje que Hollywood podría escoger para ser un duro asesino mafioso. Sin embargo, cuando habla de su misión en Kosovo, que considera que ha ido mejor de lo que se esperaba, revela algo más que un atisbo de preocupación por los espantosos sufrimientos que han padecido y continúan padeciendo sus habitantes.
Atento al peligro que han señalado los críticos de que la OTAN se incline demasiado hacia el Ejército de Liberación de Kosovo (ELK) -cuyo carácter democrático es dudoso y su naturaleza despiadada no lo es-, señala, no obstante, que sean cuales sean los males que hayan podido cometer los guerrilleros, son pequeños en comparación con las atrocidades perpetradas por la furia de limpieza étnica de los pistoleros de Belgrado. La vía para resolver el problema de los Balcanes, en su opinión, debe pasar por la caída del dirigente serbio Slobodan Milosevic. Pero no tiene intención de hacer propaganda a favor del ELK, y cree que no existen ángeles entre los protagonistas de un conflicto kosovar cuya solución parece aún tan lejana como peligrosa, puesto que depende de que se resuelva la cuestión fundamental de la soberanía.
Pregunta. La dimensión rusa del problema de los Balcanes puede ser de nuevo delicada si, en el futuro, pareciera que Kosovo se dirige hacia la independencia, frente a los deseos serbios. ¿Cómo han sido sus relaciones con las fuerzas rusas en la KFOR?
Respuesta. Si nos remontamos al final del conflicto, el papel desempeñado por la diplomacia rusa, encarnada en el señor Chernomirdin, fue muy importante, en mi opinión. No quiero decir, ni mucho menos, que fuera la única presión sobre Milosevic, ya que hubo varias. Pero sospecho que ésa, en concreto, fue muy significativa. También tuvimos que contar, a lo largo del conflicto, con la dificultad de las objeciones rusas a que la OTAN emprendiera una acción militar sin una resolución del Consejo de Seguridad, y con el enfriamiento de las relaciones entre Rusia y Occidente. A largo plazo, esto no puede ser beneficioso. Me parece que lo mejor que podemos hacer es restablecer la mejor relación posible. La guerra fría terminó hace tiempo. Occidente y la OTAN no pueden hacer su trabajo mediante una diplomacia de megáfonos y en un ambiente helador. Por tanto, creo que hay múltiples razones por las que esta nueva cooperación con Rusia en una labor internacional de pacificación, dentro de una región que siempre ha tenido enorme importancia para ellos, no puede producir más que beneficios. Y en consecuencia, si podemos hacer una contribución sobre el terreno, por pequeña que sea, cooperando en el día a día, confiemos en que ese espíritu se extienda.
P. ¿Y la cooperación sobre el terreno ha salido bien?
R. Sin ninguna duda. Aún diría más. El primer despliegue ruso fue un batallón que se unió a la brigada estadounidense, y salió extraordinariamente bien. El jefe de la brigada ha cambiado entre tanto, por lo que puedo transmitir lo que piensan dos jefes, y ambos se han deshecho en elogios. Los rusos han demostrado ser ecuánimes. Han demostrado entender lo complicada que es en la actualidad la relación entre kosovares y serbios y, la verdad, han funcionado extraordinariamente bien.
P. Una cuestión que seguramente seguirá discutiéndose durante cierto tiempo es si la campaña de bombardeos de la OTAN aceleró e intensificó la represión serbia en Kosovo...
R. Ésa es una cuestión hipotética...
P. Sí, pero en el contexto de las informaciones de que, aproximadamente en enero de este año, los funcionarios occidentales supieron que los serbios tenían dicho plan, llamado Operación Herradura, si este dato es correcto...
R. Así es. Quizá pudo ser incluso un poco antes, por lo que recuerdo. Pero es verdad. Desde luego, se sabía que existía el plan. Lo importante, en mi opinión, es cuál fue el detonante o los detonantes para su puesta en marcha. Ahora conocemos lo que ocurrió. Así que ése fue un detonante, sin duda. Pero no creo que podamos descartar otros.
P. ¿Cree que existieron otros?
R. Podrían haber existido. Es una cuestión hipotética. Todo lo que sé es que lo que pasó, pasó, y que buscar una relación sencilla de causa y efecto no necesariamente nos permite ver toda la situación... Pudieron existir otros detonantes. Aparte de todo, no empezó con el inicio de los bombardeos. Eso está bien documentado. Empezó, si no recuerdo mal, 72 horas antes de que comenzaran los bombardeos. Por consiguiente, es preciso ser cautos. Sé que a algunas personas les conviene afirmarlo. Pero debemos ser muy cautos a la hora de decidir cuál fue la cadena de causa y efecto. No creo que fuera así.
P. Existe una opinión escéptica, expresada por varios observadores, de que lo que ha ocurrido en Kosovo es que se ha expulsado a un régimen repugnante y que un protectorado controlado por la KFOR lo ha sustituido por un puñado de mafiosos y traficantes de drogas, el ELK, con escasa tendencia a la tolerancia o la democracia. ¿Qué responde usted?
R. Creo que la gente tiene que definirse. De verdad. Desde luego, no me gusta la conducta de algunos (dejémoslo en "algunos") albaneses que han decidido vengarse y muestran un comportamiento hostil hacia la otra etnia. Nadie puede aprobar eso. Pero me parece que, en definitiva, quizá tenemos que escoger entre dos males y conformarnos con el menor. Y lo que ocurre en este momento -que no me satisface en absoluto y que, desde luego, no apruebo- no puede compararse, ni mucho menos, con lo que hicieron las fuerzas de la República Federal de Yugoslavia en febrero, marzo, abril y mayo de este año.
P. Si hablamos de escoger entre dos males, ¿resulta prudente lo que se ha hecho hace poco y, después de "desmilitarizar" el ELK -tal como exige la resolución de Naciones Unidas sobre Kosovo-, transformarlo en la nueva Fuerza de Protección de Kosovo? Una fuerza que va a tener escaso armamento, pero que está estructurada al estilo militar y viste uniformes verdes. ¿No existe el peligro de entablar una relación demasiado estrecha con el ELK, sobre todo si, en el futuro, vuelven a levantarse en armas por la independencia?
R. Creo que sería aún más peligroso que el antiguo ELK formase un ejército clandestino. Para mí, eso sería lo más arriesgado. Tampoco aquí hay necesariamente opciones ideales. Preferiría con mucho que el ELK, después de desempeñar el papel que ha tenido hasta ahora en Kosovo, se deshiciera por completo y sus miembros volvieran a la vida civil. Pero, con franqueza, es una opción poco realista, y tengo muy claro que un ejército clandestino, invisible y, por tanto, muy difícil de controlar por parte de las fuerzas internacionales de seguridad, es una posibilidad mucho más peligrosa que el hecho de permitir que ciertos miembros del antiguo ELK se constituyan en una organización no militar, aunque su estructura sea jerárquica. Es muy importante que no nos encontremos con un ejército oculto, que estén en la superficie, que sean visibles y que estén bajo la supervisión continua de la KFOR, para que sepamos lo que hacen.
P. En el terreno militar, ¿cuál es su mayor preocupación, dónde se encuentran los peligros?
R. En la aversión de ciertos elementos -no quiero darle un nombre más fuerte-, de ciertos elementos tanto del grupo étnico mayoritario como del que ahora es minoritario, los serbios, a mirar hacia el futuro y dejar atrás el pasado, a emprender acciones verdaderamente serias de reconciliación y mostrar voluntad de trabajar juntos. Si no conseguimos que eso salga adelante, Kosovo seguirá estando en la situación que tiene ahora, que no es la ideal. En muchos aspectos es completamente insatisfactoria. Ello no quiere decir que el número de delitos graves sea escandaloso, porque no lo es. No se trata de eso. Se trata de lo siguiente: si hace falta un soldado para acompañar a una anciana que se dirige a comprar el pan, es que ésta no es una sociedad estable. Debemos librarnos de esa situación, avanzar, progresar. En caso contrario, esta tensión interétnica podría hacer que se vayan más serbios, cosa que nadie desea. No hemos venido para eso. Vinimos para garantizar un nuevo Kosovo basado en la tolerancia.
P. Evidentemente, otra preocupación debe de ser la posibilidad de que Milosevic ordene algún tipo de contraataque serbio, una invasión, una incursión...
R. En materia de actividad militar convencional, ha habido mucha palabrería sobre una "reinvasión". Tiene sentido que ciertos señores de Belgrado se dediquen a hacer ruido para servir a sus propios propósitos. Pero no hay evidencia de ello sobre el terreno.
P. ¿Y las fuerzas militares "no convencionales"...?
R. ¿Existen elementos radicales que tienen acceso a armas? Sí. Hay ciertas pruebas de ello. Pero no hagamos demasiado hincapié, ¿de acuerdo? Y no es cosa exclusiva de los serbios. En el otro bando existen personas radicales y exaltadas que también tienen acceso a las armas. Y debemos tenerlo en cuenta.
P. Una pregunta personal. ¿Está convencido de la legitimidad, incluso de la utilidad de la KFOR?
R. No es al soldado a quien le corresponde decir nada. Uno tiene una opción. O sigue sus órdenes o dimite. Yo no he dimitido. Pero no voy a hablar sobre la política de la Alianza ni de los Gobiernos específicos que la componen. Una de las lecciones que intentamos enseñar a la gente de aquí es que, en un país adulto, los soldados están sometidos a sus autoridades políticas. No puede ser de otra forma.
P. ¿Cuánto tiempo va a permanecer, como mínimo, la fuerza internacional de pacificación en el terreno? Varios funcionarios de países de la OTAN han declarado que podrían ser tres o cuatro años.
R. La verdad es que, si me perdona, no es una pregunta que pueda responderse por las buenas. La resolución 1.244 de Naciones Unidas establece con claridad que las disposiciones actuales para Kosovo son provisionales. Son una transición hasta que se llegue a un acuerdo político. Ahora bien, ¿cuál será ese acuerdo político y cuánto tiempo hará falta para alcanzarlo? No lo sé. Ni lo sabe nadie. Es un acuerdo político que, al menos en teoría, proporcionará una estabilidad que hará que la KFOR deje de ser necesaria.
P. ¿La labor que ha realizado aquí ha ido tan bien como esperaba?
R. Mejor. Mucho mejor. Al principio, creí que íbamos a encontrarnos en una situación difícil por muchos motivos y en muchas dimensiones. En cuestiones de seguridad, hemos tenido menos dificultades de las que preveía. Dicho de otra forma, no ha sido lo peor que podía esperarse.
P. ¿Se siente optimista ante el futuro de Kosovo?
R. Soy optimista por naturaleza. Nos queda mucho por hacer y lo cierto es que la KFOR ha llegado a un punto en el que ya no puede dar mucho más de sí. Ofrecemos, espero, un buen nivel de seguridad física; no es perfecto, pero nada lo es. Podemos prevenir la gran mayoría de atentados, pero prevenir la intención que se oculta tras el atentado no es tarea para un soldado. Y ahí es donde nos encontramos ahora, a mi juicio.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de octubre de 1999