El curso del río centra, orienta y condiciona los caminos y los cultivos con su impronta vivificadora. El Corredor del Henares es la gran avenida que une a las aldeas y villas de la comarca, un parque lineal donde se suceden casi sin tregua las naves de los polígonos industriales y los rutilantes reclamos de los centros comerciales, grandes superficies de abastecimiento y ocio que imantan poderosamente a los vecinos de la zona en detrimento del pequeño comercio local.Éstas de Ajalvir fueron tierras famosas por el cereal que transformado en panes, bollos y dulces, labró el buen nombre del pueblo en los insaciables paladares de los pobladores de la capital, zampabollos y tragaldabas acreditados. Aún se conservan rasgos de aquella nutritiva artesanía, hoy en declive como la agricultura o la ganadería, desplazadas por la infatigable expansión de la industria y el comercio.
Sorprende y conforta que el pueblo de Ajalvir resista como tal, que no haya sucumbido a la megalomanía urbanizadora de los desertores de la urbe, a sus adosados y a sus bloques. Paseando por las calles de su plácido casco, sin prisas y sin tráficos, el viajero se topa a menudo con tradicionales casas de labranza, macizos caserones encalados, con ventanas de recia y artístíca forja y grandes portones claveteados.
El paseo puede partir de la plaza Mayor dominada como todo el caserío circundante por la espléndida mole del templo parroquial de la Purísima Concepción, situado en la cota más alta del pueblo. La iglesia que fue reconstruida en el siglo XVIII cuenta con tres naves, un porche exterior y una torre tan poderosa como esbelta.
Sobre el origen del nombre de Ajalvir discrepan los ajalvireños con muchos cronistas que lo traducen como valle de los ajos, planta liliácea y aromática que los árabes cultivaron intensivamente en estas latitudes. Según la guía municipal de la localidad, editada por el Ayuntamiento en 1999, el nombre de Ajalvir viene del árabe "Fayy albi", camino ancho entre dos montañas o paso ancho del pozo. Para ratificar su versión el autor del folleto invoca la autoridad del arabista J. Oliver Asín.
Como todo historiador local que se precie, el redactor de la guía se remonta al siglo V antes de Cristo para fechar el nacimiento de su preciada villa que podria, o no, haber sido fundada por los celtas, "tesis avalada por estudios toponímicos, pero aún no constatada con yacimientos arqueológicos" termina por reconocer el erudito cronista que no quiere pillarse los dedos.
Por su trazado y configuración, Ajalvir, es un clásico asentamiento medieval de origen musulmán, un pueblo agrícola y de secano que contaba con 124 vecinos en 1572, según las relaciones de Felipe II.
Unos 124 vecinos que trabajaban como mil labrando 12.000 fanegas de trigo y 400 de cebada, cosechando 800 cargas de uva y 500 cántaros de aceite. Además, los ajalvireños sacaban tiempo para ocuparse de 600 corderos y de más de mil cabezas de ganado.
Hoy sobre los campos de labor y las cañadas brotan las naves y cruzan las autopistas. La carretera entre Ajalvir y Torrejón aparece flanqueada por fábricas y talleres, locales comerciales y una gran superficie espiritual, los empíreos salones de bodas, bautizos y celebraciones de los Testigos de Jehová que tienen aquí su reino terrenal, a corta distancia de los pecaminosos neones de un club nocturno, tapadera de depravación y fornicio.
Pero el polo de atracción de este entorno sigue siendo el centro comercial del Parque del Corredor del Henares, una ciudad sin habitantes dedicada exclusivamente al ocio y al negocio, al negocio del ocio y a los rituales de la venta, parque de atracciones para todas las edades que deshabita las plazas de los pueblos cuando llega el fin de semana y sólo quedan en las tabernas los jubilados de inmutable partida de naipe o dominó, envueltos en una nube de farias y ensordecidos por el vocerío de la televisión.
El censo de Ajalvir es de 1.622 habitantes, lo que facilita que todos se conozcan y que casi todos tengan un trabajo, la última cifra de parados recogida estaba muy por debajo de la media de la comunidad y del país. Pocos vecinos, pero tan activos como sus antepasados agricultores, participativos y con cierta vocación política como demuestra la existencia de al menos dos partidos independientes locales, uno de los cuales gobierna en coalición con el PSOE, tradicional inquilino del poder con el apoyo de uno de estos grupos.
La honrilla local hace que algunos ajalvireños se sientan molestos con una cifra de población tan exigua, ofendidos de que los invasores que urbanizaron los valles y las llanuras de los alrededores con sus colonias no hayan sabido apreciar los encantos de su tierra. Falso prurito pues también se percibe que saben apreciar las ventajas de su privilegiada situación libre de agobios, vértigos y hacinamientos.
Otro motivo de orgullo ajalvireño sigue siendo su gastronomía. Donde se hornean buenos panes y buenas tortas se asan también excelentes corderos y Ajalvir se precia de seguir esta tradición y de recuperar antiguas recetas como la del besugo en escabeche.
Para gozar de todo ello, la guía de Ajalvir, emplaza para las fiestas de San Blas, patrón de la localidad que del 30 de enero al 8 de febrero alivia los rigores del invierno con espíritu festivo.
Por San Blas celebraron siempre los ajalvireños las primeras capeas del año taurino, y hoy se precian de ser los primeros del calendario en encierros y corridas de toros.
Para saber de otras incidencias no reflejadas en la guía hay que echar una ojeada al atiborrado tablón de anuncios que figura a la puerta del Ayuntamiento. En un comunicado los empresarios de la zona convocan a una reunión para hablar de los robos que últimamente se están produciendo en los polígonos y también de cortes de luz y agua y de impuestos.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de octubre de 1999