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Tribuna:

Chirac

Tiene empaque de rey. Tuve ocasión de verle de cerca en la recepción de El Pardo. La llaneza monárquica de don Juan Carlos, que estaba a su lado, contrastaba con la majestad republicana de Jacques Chirac. Llegó a España a conquistar voluntades, a curar antiguas heridas. Y no regateó sonrisas, apretones de mano y palabras agradables. Habló en sus discursos de la "extraordinaria evolución" de la sociedad española y de la "irresistible atracción" que nuestra cultura de ayer y de hoy suscita entre los franceses. Dijo que nuestro país había recuperado la grandeur y puso una corona en el monumento a los Héroes de 1808. Nunca Francia nos había querido tanto como estos días ha dado a entender el primer presidente de la V República que ha hecho a España una visita de Estado. Desde 1916 no habíamos recibido a ningún francés de tantas campanillas; nunca nos habían dicho al oído cosas tan gratas ni nos habían prometido tan incondicional colaboración. Una periodista francesa me dijo en la recepción de El Pardo que le parecía "excesivo" el cariño que Chirac iba derramando."Los litigios son cosa del pasado", "los recelos y malentendidos se han disipado", "aquello mismo que antes nos separaba, el carácter, la personalidad, la ambición de las dos naciones, ahora nos une en el proyecto europeo". Las frases pertenecen al discurso que pronunció en la Casa de Velázquez, máxima institución del hispanismo francés en España, que preside el biógrafo de Cervantes Jean Canavaggio. Antes de que el presidente llegara, se celebró en la Casa un coloquio franco-español. Los historiadores Joseph Pérez, Santos Juliá y Bartolomé Bennassar narraron los "desencuentros" entre los dos países en el siglo XX: F. Zumbichl habló de las relaciones culturales; el economista y empresario Álvarez Rendueles se refirió al buen momento de los intercambios y las inversiones. Y M. Alegre, ministro de Educación francés, intervino también para glosar la gran difusión del español en Francia y el déficit de profesores. El empaque real del presidente Chirac dio la salida a la nueva era de amistad (o amor) entre los dos países.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de octubre de 1999