He creído conveniente dirigirme a un diario de calidad como EL PAÍS, dada la preocupación que desde su creación ha mantenido por el lenguaje, con el fin de denunciar las barbaridades lingüísticas con las que somos ofendidos por la mayoría de los medios de comunicación, sobre todo desde el sector audiovisual.Es una lástima que no se cuiden las formas del lenguaje y que sean precisamente los periodistas y todos aquellos que aparecen en los medios de comunicación, incluida la publicidad, los que han convertido en un deporte el mal uso del idioma español.
Cuál sería mi sorpresa la semana pasada viendo una película de un canal autonómico, cuando el protagonista hacía referencia a un "bufé de abogados", ignoraba que los letrados se dedicaran a la cocina; me pregunto quién fue el responsable de la traducción. Por no hablar de las conexiones de radio y televisión, cuando el locutor dice la frase de moda: "No te escucho". ¡Qué mala educación! Tenemos dos verbos: oír y escuchar, con diferentes significados, de ahí el dicho de "me escuchas como el que oye llover". Tengo que empezar a acostumbrarme a que la altura ya no equivale a la longitud, es por ello que los coches no tienen grandes prestaciones, sino altas. Otro ejemplo importante es el de los problemas "puntuales", como si la puntualidad se refiriera a algo que no fuera el tiempo. Es realmente triste que se haya puesto de moda inventarse palabras, modismos y frases que no significan lo que pretenden, pero que empiezan a admitirse como algo normal. Lo grave del asunto es que se haga desde los medios de comunicación de masas teniendo en cuenta que su difusión es enorme. Se podría decir que estamos "influenciados" por una ridícula moda liderada por los profesionales del sector audiovisual, que obvia la riqueza de nuestro idioma y que empieza a hacerse demasiado popular. Invito a que se creen libros de estilo que se ocupen de darle forma y sentido a la información, cuidando, eso sí, el lenguaje para que no nos duelan los oídos cuando vemos la tele o escuchamos nuestra emisora favorita. Dénos, por favor, un trato personal, que no "personalizado", que no aniquile la lengua que Cervantes cultivó con tanto esmero.- . .
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de octubre de 1999