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Reportaje:

Caracas en el corazón

Les esperaban desde las nueve y media de la mañana, pero diferentes retrasos les hicieron llegar al aeropuerto de Sondika pasadas las dos de la tarde. Con cara de cansados y brillo en los ojos, 37 miembros del programa Juventud Vasca Cooperante del Gobierno de Vitoria regresaban a sus casas después de haber pasado tres meses, en este caso en Venezuela, trabajando en diferentes programas de cooperación. Hasta 61 jóvenes vascos han pasado fuera estos tres meses, además de en Venezuela, en Colombia, Perú y Benin. Quienes ayer llegaron por la mañana al aeropuerto bilbaíno constituían el contingente mayor. "Otros vinieron el viernes, otros lo harán por la tarde", apuntó Koldo Ruiz, uno de los responsables de este programa del Ejecutivo, en el que sólo participan jóvenes que lo hacen por primera vez. Éste es el séptimo año que el Gobierno realiza la experiencia.Durante toda la mañana, los familiares aguantaban tensos y emocionados los sucesivos retrasos. Había padres, hermanos, novias y hasta perros. Todos querían abrazar a estas personas que han vivido "los tres meses más intensos de sus vidas".

Itxaso, de 12 años, y Alazne, de 8, aguardaban con una pancarta y un ramo de flores a su tía Sonia. "Ha estado en Ciudad Bolívar, en Venezuela, ayudando a los niños", explicaban muy seguras. "Nos ha contado que los niños son muy pobres y muy simpáticos. Todos se querían venir a España con ella".

También el vitoriano Xabier, de 28 años, se ha traído a los niños del barrio de Petare, en Caracas, en el corazón y en dos álbumes de fotos. No hacía más que enseñar una imagen de sus caritas sonrientes. "No me digas que no son guapísimos, ¡cómo no vas a encariñarte con ellos!", repetía. Xabier y otras nueve personas han participado en un programa de alfabetización para niños de la calle. "También dábamos clases de recuperación de matemáticas y lengua a niños del barrio que habían suspendido", comenta. Xabier, que estudio formación profesional, es trabajador de Mercedes Benz en Vitoria. Ha tenido que pedir un permiso especial de tres meses para su aventura de cooperación. "Tengo que volver a trabajar ahorita mismo", dice sonriendo; "se me ha pegado esta expresión", añade.

"Hija, ni que fueras Ana Obregón", le comentaba a Sonia una amiga mientras los fotógrafos y los camarógrafos de televisión inmortalizaban los abrazos a sus sobrinas, los besos y las lágrimas. Ayer muchos lloraron. De alegría, los padres; de pena, los que regresaban. Como Tamara, de 23 años, de Barakaldo, que estalló en llanto al preguntarle por las trencitas de su pelo. "Me las hizo una amiga de allí. Ha sido durísimo despedirse", logró explicar.

Raúl, de 22 años, de Lasarte, se mantenía estoico. Él ha participado en un proyecto en al provincia venezolana de Apure. "Hemos estado reparando la instalación eléctrica de una granja escuela", cuenta. Por ahora no piensa en ningún otro proyecto de cooperación: "Tengo que ponerme a buscar trabajo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de octubre de 1999