Si ha mejorado la red viaria y se ha modernizado el parque móvil en los últimos años, si el incremento de vehículos no es un fector determinante, ¿por qué no mejora la seguridad en las carreteras españolas? Si la normativa de seguridad vial es similar a la de otros países, ¿por qué no es efectiva en España? "Probablemente porque se hace cumplir poco e impera una sensación de impunidad. La probabilidad de ser detenido en caso de infracción es baja", indica Antoni Plasencia.A pesar del incremento de vehículos, no se han incrementado sustancialmente los efectivos policiales y, aunque los responsables de Tráfico lo niegan, muchos conductores tienen la percepción de que los agentes actúan más con fines recaudatorios que de seguridad vial. La vigilancia es un elemento tan importante como la educación viaria y la primera acaba potenciando la segunda. Sobre todo en un país en el que es fácil identificar una de las dianas que puede reducir la mortalidad: el alcohol.
El abuso del alcohol ha estado involucrado en los últimos años en más de la mitad de los accidentes mortales. Desde que se rebajó el límite permitido de alcohol en sangre y se incrementaron los controles de alcoholemia se ha producido un descenso. Del 50% al 43% en 1998. Lo cual indica que se puede seguir mejorando en un aspecto que tiene una fuerte incidencia sobre la mortalidad.
Tolerancia social
Pero el éxito depende también, según Antoni Plasencia, de que se modifiquen algunos factores culturales. Por ejemplo, no debe hacerse tanto énfasis en la culpabilidad de los malos conductores, como en valorar y potenciar las conductas responsables en la carretera. Se ha de romper además la asociación cultural entre accidente y fatalidad: se quiere creer que un accidente es un hecho fortuito, inevitable y no previsible, cuando no es así. O la valoración de que los accidentes de tráfico son el precio que se ha de pagar por el desarrollo. Otros países crecen más con menos muertos en las carreteras.Se ha de romper también, según Plasencia, la primacía de los valores relacionados con las prestaciones de los vehículos, de los que se valora la velocidad y la potencia por encima de los elementos de seguridad. Y también debe modificarse la amplia tolerancia social a conductas de riesgo, como conducir con algunas copas a velocidades superiores a las permitidas o no usar el cinturón de seguridad. Un informe del Servei Català de Trànsit indica que la mitad de los conductores que murieron en 1998 no lo llevaban.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de octubre de 1999