El acamprosato y la naltrexona, dos nuevos fármacos que constituyen una nueva alternativa a la prescripción clásica de tranquilizantes, antidepresivos, neurolépticos o interdictores del alcohol, son las nuevas armas contra el alcoholismo, según el doctor Miguel Casas Bruguè, jefe de la Unidad de Toxicomanías del Hospital de Sant Pau, de Barcelona."La mayoría de los pacientes que siguen este tratamiento", dijo Casas durante la IV Conferencia Nacional de Psiquiatría, celebrada recientemente en Oviedo, "mejora su cuadro adictivo en menos de un año". Según Casas, el dipsómano "advierte cómo disminuye su deseo de beber y mejora su relación con el entorno familiar y personal merced a esta nueva medicación". El psiquiatra barcelonés lamentó el escepticismo que reina en la profesión sobre estos fármacos, y recordó que su efectividad ha sido comprobada y publicada en numerosas publicaciones. Para Casas, la estigmatización del alcoholismo entre el propio colectivo psiquiátrico, especialmente entre quienes consideran la dipsomanía como una adicción irreversible, está retrasando la aplicación de este tratamiento.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 2 de noviembre de 1999