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Crítica:ÓPERA Recuperación de 'Margarita la tornera'

¿Quién teme a la ópera española?

El primer conflicto que surge ante la recuperación de una ópera como Margarita la tornera, de Ruperto Chapí, estrenada en el Teatro Real hace 90 años y luego abandonada en el reino de las sombras, viene de la desconfianza de un amplio sector del público hacia el repertorio operístico español tradicional. Otra cuestión es que una política cultural mínimamente coherente debe procurar recuperar y sacar a la luz el patrimonio olvidado, sobre todo si el silencio ha sido históricamente injusto. La unión de musicología y espectáculo responde en primer término a una pareja de conveniencia, pero debe fundamentarse en una colaboración estable y firme.La condición imprescindible para que un proyecto de rescate como el de Margarita la tornera no se vaya directamente al limbo es que se haga en las mejores condiciones imaginables. Por la última ópera de Chapí se ha apostado fuerte. A la edición crítica realizada por un compositor tan riguroso como José Luis Turina se ha unido la presencia de un tenor poderoso como Plácido Domingo y las direcciones musical y artística de dos de las fuerzas vivas de la ciudad: García Navarro y Emilio Sagi. Otro tema es si se da prioridad a los valores de autenticidad o a los coyunturales. De la partitura revisada se han cortado escenas de una duración total de unos 15 minutos, y algunos diálogos se han cambiado haciéndolos más próximos a los de uso cotidiano hoy. Plácido Domingo comentaba, por ejemplo, que había trasladado lo de "fortuna por mí lograda, joya, mujer y moneda" por "fortuna por mí lograda, mujer por mí conquistada". Son detalles que afectan a la fidelidad, pero que se hacen con intención de ganar en comunicación. No siempre se consigue este acercamiento y, sobre todo, en lo referente al lenguaje a veces se pierde el encanto de una forma de expresión.

Orquesta Sinfónica de Madrid

Margarita la torneraDe Ruperto Chapí. Libreto: Carlos Fernández Shaw, basado en la obra de José Zorrilla. Director musical: García Navarro. Director de escena: Emilio Sagi. Escenógrafo y figurinista: Llorenc Corbella. Coreógrafa: Angels Margarit. Con Elisabete Matos (Margarita), Ángeles Blancas (Sirena), Plácido Domingo (don Juan de Alarcón), Ángel Ódena (don Lope de Aguilera) y Stefano Palatchi (Gavilán). Orquesta y coro de la Sinfónica de Madrid. Teatro Real. Madrid, 11 de diciembre 1999. ¿Quién teme a la ópera española?

Margarita la tornera es una ópera desigual, que posee algunos momentos espléndidos. El libreto, en fin, es infumable, algo que en la ópera no es tan insólito, aunque a los ojos del espectador que contempla este título por primera vez es algo que distancia.

Chapí es un gran orquestador, pero cuando mejor funciona Margarita la tornera es cuando posee tensión dramática. Hay tensión, especialmente, en el cuadro final del primer acto, con la decisión de dejar el convento de la protagonista. También la hay en el último acto, con una depurada realización orquestal y un hermoso dúo de la pareja formada por don Juan y Margarita. El acto segundo es bastante desconcertante en su función de extraño scherzo. Los mejores momentos de la obra se alcanzan cuando está en escena Margarita. La unidad orquestal está, de todas formas, más conseguida que la vocal.

Curiosamente, los resultados artísticos son más acertados en los mejores momentos de la ópera. En el cuadro final del primer acto, Emilio Sagi, García Navarro y Elisabete Matos hacen una lectura magistral. En realidad, García Navarro y E. Matos mantienen bien el tipo en toda la obra.

Sagi se plantea un segundo acto en exceso sofisticado. Trata de evitar el folclorismo, pero no da una alternativa narrativa clara. Está mejor con los espacios desnudos, cuando se concentra en los personajes. Plácido Domingo resuelve con elegancia su papeleta, así como Angel Ódena y cumplen satisfactoriamente Ángeles Blancas y Stefano Palachi. Chapí sale reivindicado. Los valores históricos han sido, en esta ocasión, prioritarios.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 12 de diciembre de 1999