Estaba escrito que Ciprià Ciscar encabezase la candidatura del PSPV por Valencia al Congreso. Por sus muchos méritos, prodigiosas habilidades e indudables poderes, el ex consejero está hoy en condiciones de encabezar o descabezar cuanto le plazca en el partido. Si quiere ser diputado, lo será, y también será en su día optante a la Generalitat para colmar así su biografía política. Añadamos que quizá no haya nadie entre el censo socialista indígena con más laureles y talentos para apuntar tan alto y, llegado el caso, desarrollar una excelente gestión. Por eso precisamente ha de resultarle doloroso, y también a sus parciales, el flagelo que le acaban de aplicar los compañeros del cap i casal negándole los votos de manera tan ostentosa. Es una descalificación en toda línea, por más que no frustre en modo alguno su segura denominación. Siempre le quedaría el diktat de Madrid, imponiéndole contra viento y marea. Lo triste es que un líder de tanta entidad se haya ganado, y a pulso, tan sonado desdén.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 12 de diciembre de 1999