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GUERRA EN EL CÁUCASO

Rusia ignora su propio ultimátum y amplía los 'pasillos' para que los civiles salgan de Grozni

Cruce de acusaciones entre mandos rusos y rebeldes chechenos sobre una batalla química

El ultimátum para abandonar Grozni bajo amenaza de exterminio venció ayer sin que la máquina militar rusa se pusiera en marcha. La capital chechena disfrutó de uno de sus días con menos bombas en espera de los ataques masivos que allanen el camino para su ocupación. Dirigentes políticos y mandos militares prometen a las decenas de miles de civiles que continúan en la ciudad que podrán abandonarla sin jugarse la vida a través de dos corredores humanitarios y que, posteriormente, serán acogidos en campamentos donde tendrán comida, calor y refugio.

La situación no podía ser ayer más confusa en Grozni al cumplirse exactamente cinco años del comienzo de la guerra anterior, que terminó con una retirada humillante de las tropas rusas. Éstas parecen decididas a tomarse la revancha e incluso sueñan con que la ciudad caiga bajo su control antes de las elecciones legislativas del próximo día 19. En Grozni quedan de 3.000 a 5.000 guerrilleros y un máximo de 40.000 civiles, en su mayoría ancianos, enfermos y mujeres con hijos de corta edad.El presidente de Ingushetia, Ruslán Aushev, expresaba ayer su temor por la suerte de muchos de los "últimos de Grozni", incapaces por su estado físico de caminar los 30 kilómetros que separan el centro de Grozni y la localidad de Pervomaiskoye. Poco después, sin embargo, el vicejefe del Estado Mayor ruso, Valeri Manílov, aseguraba que se crearán cuantos pasillos humanitarios sean necesarios. Ayer mismo se abrió una ruta a través de la localidad de Alján Yurt, unos cinco kilómetros al sureste de Grozni.

El ministro ruso para las Situaciones de Emergencia, Serguéi Shoigú, viajó ayer hacia Alján Yurt para supervisar la "operación rescate", que, en teoría, se hace extensiva a los milicianos que decidan abandonar las armas y sobre cuyas espaldas no recaigan crímenes.

El pasado viernes, Shoigú, a cuyo partido (Unidad, una creación del Kremlin) está haciendo ganar esta guerra muchos votos, se mostró el viernes dispuesto a reunirse con el presidente checheno, Aslán Masjádov, para organizar la evacuación. Ayer, el ministro prometió que vehículos rusos esperarán a quienes salgan de la ciudad y que los bombardeos de la aviación y la artillería se interrumpirán mientras se efectúa la operación, que se pretende concentrar en la mañana de hoy.

El viernes, Shoigú había insinuado que los escasos habitantes que quedan en Grozni están siendo utilizados como escudos humanos. Una denuncia, sin confirmación de fuentes independientes, en la que ayer abundaba el Ministerio de Defensa, según el cual "los bandidos chechenos plantan minas en los corredores y aterrorizan a la gente".

Por su parte, el primer ministro ruso, Vladímir Putin, aseguró ayer desde Tashkent (Uzbekistán), donde se encontraba de visita oficial, que no ha existido nunca un ultimátum, sino una mera advertencia dirigida a los combatientes chechenos y un consejo a los civiles para que salieran de la capital. Y, tal vez para tranquilizar a la opinión pública internacional, afirmó: "No hay que preocuparse por la población civil. Nosotros mismos cuidaremos de ella". En las últimas semanas, Rusia ha hecho, sin embargo, oídos sordos al clamor de Occidente contra el "uso desproporcionado de la fuerza" y las demandas de un alto el fuego y de búsqueda de una solución política.

"Si los bandidos no se rinden, nuestras acciones serán decisivas", prometió Putin, según el cual "no se lucha contra el pueblo checheno", sino contra los "terroristas". Esta operación, añadió desafiando la opinión generalizada entre los analistas, "no está relacionada con las campañas electorales en Rusia".

Grozni es la única ciudad importante que continúa en manos de los boievikí, una vez que esta guerrila chechena bandonase el viernes Shalí, 36 kilómetros al sureste de la capital, sin agotar la resistencia. Si tampoco se plantea una defensa a ultranza de Grozni, el curso de esta guerra estará marcado por una retirada chechena hacia las montañas del sur y el este y una larga guerra de guerrillas.

Supuestamente, las fuerzas chechenas aún no han tirado la toalla: se fortifican en Grozni, siembran de minas las previsibles vías de acceso del enemigo e incluso preparan depósitos de combustible enterrados para levantar con ellos una barrera de fuego.

Ayer hubo un cruce de acusaciones sobre una inminente "batalla química". El general Manílov sostiene que los rebeldes preparan decenas de vagones-cisterna con petróleo, amoniaco y clorina para provocar nubes tóxicas que envenenen a los rusos. Pero los independentistas aseguran que fueron los rusos quienes provocaron el viernes la explosión de un depósito de clorina.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 12 de diciembre de 1999