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Editorial:

Espacio y potencia

EN HELSINKI la Unión Europea (UE) ha lanzado un formidable envite: intentar casar sus ambiciones como espacio y sus ambiciones como potencia. El Consejo Europeo de Helsinki ha dado dos pasos históricos: uno hacia la estructuración del espacio europeo con una ampliación de la UE que abre las puertas hasta Turquía y otro en la definición de una política de seguridad y defensa común. Ambas dimensiones guardan una estrecha relación, pues, con la ampliación a 13 posibles nuevos miembros, se intenta exportar estabilidad, y, con la política de seguridad, la UE pretende dotarse de la capacidad para imponerla militarmente en caso de necesidad.Si bien la participación en las fuerzas o en las operaciones será únicamente voluntaria, el desarrollo de una política común de seguridad y de defensa se hará entre todos; es decir, incluidos los neutrales de la UE, que ven también reconocida la importancia de la gestión no militar de las crisis. La decisión de poner en pie en tres años el equivalente a un cuerpo de ejército -entre 50.000 y 60.000 hombres y mujeres más el apoyo del espionaje y de otras fuerzas- para intervenciones rápidas es el paso más visible, aunque también modesto, pues tal fuerza representa menos de un 3% del personal militar en el conjunto de la UE. Sin duda, si quieren avanzar en este terreno, los europeos tendrán que mejorar su gestión del gasto militar, y, probablemente, aumentarlo en respuesta a la hiperdependencia militar europea de EEUU, puesta de manifiesto en la guerra de Kosovo. Tal dependencia continuará durante un tiempo aún no cuantificable.

La OTAN sigue siendo central, y lo que los europeos se plantean es poder intervenir en operaciones de paz en las que EEUU o la Alianza Atlántica -en cuyo seno permanece la verdadera capacidad de planeamiento militar- no pudieran o no quisieran participar. No ha llegado aún el momento de un ejército europeo, sino la puesta a disposición de la UE de fuerzas nacionales. Puede parecer poco, pero es revolucionario. Como también lo es que la UE se dote de una nueva panoplia institucional como la participación de los ministros de Defensa en los consejos y la creación de un Comité Político y de Seguridad Permanente en Bruselas, de un Comité Militar y de un Estado Mayor integrado en el Consejo. Algunos de estos órganos se establecerán de inmediato, para marzo próximo, con carácter provisional. El señor PESC, Javier Solana, podrá empezar a disponer de un aparato con el cual podrá ejercer las funciones que se le han asignado, además contar con la actual UEO, en proceso de desmantelamiento. Con unas decisiones extremadamente rápidas, se ha generado una dinámica institucional. Falta llenarla de visión política.

En este doble sentido de espacio y potencia, la cumbre de Helskinki ha sido todo un éxito que contrasta con la aparente impotencia de la UE para, a pesar de sus amenazas de sanciones económicas y comerciales, influir sobre Moscú en su brutal política hacia Chechenia. La ambición global demostrada en Helsinki por la UE choca también con el bloqueo británico a un acuerdo sobre la fiscalidad del ahorro o la negativa francesa a aceptar las importaciones de vacuno británico una vez superada la crisis de las vacas locas. En la UE parece más fácil diseñar grandes planes que resolver cuestiones domésticas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 12 de diciembre de 1999