Me han impresionado los artículos de Jesús Aznárez sobre Haití. Miseria en grado insoportable, incultura, escasa esperanza de vida, elevadísima mortalidad infantil y, sobre todo, ¡esa especie de esclavitud consentida! Niños apartados definitivamente de sus familias para servir, ¿de por vida?, a una casta de privilegiados, opulentos potentados que disfrutan de lujos obscenos. Pero, eso sí, podemos estar tranquilos, porque en Haití hay democracia. ¿Y libertad? ¿Y justicia? ¿Y respeto a los derechos humanos?A la vista del panorama que nos muestra Aznárez en sus artículos, creo que habría que ser más mesurados en el juicio de otras situaciones, y me estoy refiriendo obviamente a la vecina Cuba. ¡Qué necesarios se revelan los matices en estos casos! ¡Claro que no hay duda entre Suecia y Cuba! Pero, para mí, tampoco la hay entre Cuba y Haití.- . .
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 12 de diciembre de 1999