"Joaquín, te admiro porque eres capaz de resistir la tentación de utilizar el terrorismo para sacar votos, algo que ellos [los populares] no hicieron en las elecciones del 96". Esta observación del ex presidente Felipe González respecto a Joaquín Almunia se cumple a diario. Salvo los días en los que estuvo en Vitoria con motivo del asesinato de su compañero Fernando Buesa, Almunia se niega a hablar de ETA y de la situación en el País Vasco hasta que su periplo le lleve de nuevo a tierras vascas, lo que sucederá muy cerca ya del 12-M.
Almunia mantiene el silencio respecto a la política antiterrorista no sólo durante la campaña: lo viene haciendo desde que fue elegido secretario general. Una y otra vez insiste en que lo que tiene que decir se lo comunica al Gobierno.
Su preocupación se centra ahora en recomponer la unidad rota entre las fuerzas políticas y su último llamamiento a recomponer los cristales rotos lo hizo la noche del día 24, cuando fue incinerado Buesa. Ahora bien, esa tarea corresponde a los presidentes José María Aznar y Juan José Ibarretxe.
El último mensaje de Almunia a los ciudadanos vascos fue pedir que acudan masivamente a las urnas el 12-M porque los votos "acabarán con ETA".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 28 de febrero de 2000