Conforme el invierno se desprende de su capa más oscura y fría, abriéndose paso días más luminosos y duraderos, florece como un anuncio de lo que está a punto de llegar el modesto aladierno. Aunque abunda en muchas zonas andaluzas, esta vez nos hemos fijado en los alrededores de Ronda, en la Sierra Crestellina, un lugar que cobija a este pequeño arbolillo, que rara vez supera los seis metros de altura. De las variadas presencias que puede ofrecer es la que más impresiona la forma arborescente, parecida al aspecto de un árbol. Con el paso de los años, el tronco va adquiriendo la presencia típica que la encina muestra normalmente.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 3 de marzo de 2000