Dice mi hijo que va a votar en blanco, y le comprendo, porque tiene la edad en que se busca la limpieza, los partidos puros, la ideología clara, la honestidad... y seguramente no es fácil encontrar estas características en el panorama político actual. Le comprendo porque no ha vivido la dictadura y se ha encontrado la libertad sin problemas. Ni siquiera el ritual doméstico de comentar los telediarios o la costumbre, cuando era niño, de acompañarnos a votar y depositar en la urna nuestro voto, parece haberle inducido a optar por una determinada candidatura. Tal vez tenga un concepto diferente de democracia y esto que tenemos le sepa a poco. En fin, tendremos que seguir trabajando para intentar convencer a mi hijo, a los jóvenes que como él, "quieren pero no pueden".Yo sí voy a votar y no lo haré en blanco. También considero que las opciones se presentan "ligeras de equipaje" y se soportan sobre los hombros de seres humanos con virtudes y defectos, sobre personas que ejecutan un nuevo oficio que consiste en mejorar nuestras vidas... y de paso las suyas. Voy a votar y no lo haré en blanco, porque aprendí, cuando no era sencillo hacerlo, que era necesario comprometerse y tener claro al menos que la ilusión hecha papeleta en nuestras manos, empujaba la posibilidad de introducir mejoras, donde se pudiera vislumbrar una sociedad de seres más libres, más cultos y felices.
Votaré y no lo haré en blanco. Lo haré en rojo. Pero espero contar con el apoyo de mi hijo cuando decaiga, cuando crezca mi escepticismo... sin que me diga "ya te lo dije", para poder decir "tal vez la democracia era esto".- Daniel Cela Bermejo.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 3 de marzo de 2000