Germà Bel (Les cases d'Alcanar, 1963) huele a genuino. Se catapulta al ruedo electoral desde la trastienda ideológica del PSC, actuando como militante político en el sentido más noble de lo político. Empezó muy pronto, en 1980, cuando tenía apenas 17 años, en las filas de la JSC. Poco después se apuntó a la campaña anti-OTAN, como uno más entre las amplias bases socialistas que después fueron convertidas al atlantismo por Felipe González. Ahora confiesa que aquella discrepancia dentro de un mismo espacio político reforzó su voluntad de seguir siendo militante.Su precoz trayectoria institucional estuvo marcada por el azar -fue asesor de Joaquín Almunia cuando éste era ministro para las Administraciones Públicas y más tarde colaborador de José Borrell en el Ministerio de Infraestructuras-, hasta que el azar se hizo dialéctica y tuvo que escoger. Y escogió al actual candidato, "Almunia porque combina la estrategia con la inteligencia emocional".
A sus 35 años desempeña la secretaría de política económica en la ejecutiva del PSC y es profesor de Política Económica en la Univesidad de Barcelona. Bel combina un impecable currículo académico con la propensión al vértigo de los políticos de raza. En 1988 obtuvo, gracias a una beca Fulbright, el master en Economía en Chicago, la conocida escuela de negocios que además de ser el crisol de los neoliberales friedmanitas, está considerada como la plataforma de producción de cerebros económicos más prestigiosa del planeta.
Sus áreas de investigación preferentes son el transporte, las infraestructuras, la liberalización y la competencia. Ha publicado los libros Privatización, desregulación y ¿competencia? (Editorial Civitas, 1996) y Los beneficios de la liberalización de productos, junto con Antón Costas (La Caixa, 1997). Es socio de SOS Racismo, de UGT y del Círculo de Economía.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 3 de marzo de 2000