MANUEL PERIS
El ex secretario general de los socialistas valencianos, Joan Romero, consiguió para el Bloc la foto de portada de los periódicos del miércoles. Romero se hizo retratar en un acto electoral de los nacionalistas al que asistió, según dijo, "por curiosidad intelectual" y la voluntad de responder a la "invitación personal de unos amigos y profesores de la universidad". ¿Curiosidad intelectual o vanidad personal?
Mucho se tendrían que haber equivocado los cronistas del acto, pero da la impresión de que lo que ofrecían el martes en la universidad los profesores Alfons Cucó y Joan Francesc Mira no era precisamente un té con pastas, ni una conferencia del primero sobre la repercusión de la guerra de Chechenia en Ingushia y Osetia del Norte; ni tampoco, la presentación de un libro del segundo sobre la Roma de los Borgia, o un congreso, veinticinco años después, sobre su novela Els cucs de seda.
A diferencia de otros respetables trasvases del PSOE al Bloc, hechos en tiempo y forma, el aspaviento de Romero en plena campaña electoral no se presta más que a una lectura, el resquemor. A Romero le ha podido más la venganza personal contra la actual dirección de los socialistas valencianos que cualquier otra consideración y el resultado final es que ha acabado traicionando su propia biografía política. ¿Curiosidad intelectual? ¿Es que acaso con ese gesto va a abrir algún debate de ideas en la izquierda? Anda ya, la soberbia, la miserable condición humana, se ha impuesto una vez más sobre cualquier consideración racional.
El aparato socialista ha reaccionado con extremada prudencia al gesto inusual de un ex secretario general. Le conviene. El aparato sabe que Romero con este brindis al Bloc ha firmado su definitivo suicidio político como posible alternativa a la actual gestora provisional o como oposición a la dirección que pueda imponer Ciscar en el próximo congreso. Y eso, en clave interna, favorece el inmovilismo ciscarista.
Que nadie se lleve a engaño, la actitud de Romero va a ser utilizada por extensión contra cualquier intento de renovación en las filas socialistas. Y así volverán a oírse las demenciales cantinelas de "intelectuales cabezas de chorlito", "ya te lo decía yo" o "de estos no te puedes fiar". Romero ha querido hacer un desplante a Ciscar y sus mariachis del aparato, que forzaron su dimisión como secretario general del PSPV PSOE, pero lo único que ha conseguido es ponerse en evidencia y de rebote pillar con el pie cambiado a todos aquellos que de buena fe le apoyaron en su intento de renovación del socialismo valenciano.
Puede parecer una simpleza, pero en estas elecciones generales lo que hay en juego es que continúe mandando la derecha o que la izquierda intente gobernar. La presencia ahora de Romero junto a los candidatos del Bloc es un simple gesto narcisista, simple toreo de salón. Romero salió en la foto, pero se equivocó de plaza, de público, de toro y de fecha. En fin, que si un mal día lo tiene hasta un maestro absoluto del toreo como es Curro Romero, cómo no lo va a tener alguien que como este otro Romero ha demostrado no ser más que un don Tancredo de la política. Otra vez será y que Dios reparta suerte el 12 de marzo, porque el ganado que ese domingo sale a la plaza sí que es de bichos de mucho cuidado.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 3 de marzo de 2000