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Tribuna:DÍA A DÍA

Veles i vents

Huyó de felibres cants y compuso dictats, sus escrits elaborados con raó y rima. La poesía era bella elocuencia, ingeniosos artificios de lenguaje, arte del juego floral de embellir los fets dels qui bé obren. Sin eficacia social por la superficialidad de los excesos retóricos y el uso de un idioma artificial de base occitana, únicamente los poetas entendían sus códigos. Ausiàs March rompió con la tradición trovadoresca y con el postizo lenguaje de trovar: Deixant a part l'estil dels trobadors/ qui, per escalf, trespassen veritat,/ e sostraent mon voler afectat/ perquè no'm trob, diré el trob en vós.Sin superficiales oropeles, he ahí todo un manifiesto poético, quizás el más trascedental de la historia de la literatura, pero ignorado -¡claro!-, no sólo por medieval, sino por enunciarlo el idioma minorizado de una cultura aún dependiente. Ausiàs March, que nació hace 600 años en 1400 y murió tal día como hoy de 1459, puso en marcha los mecanismos esenciales de la poesía contemporánea. Fue el primero en adoptar la lengua de su pueblo -Negre forment no dóna pasta blanca ni l'ase ranc és animal corrent- y de su época; desprovenzalizó la lírica y, con su nacionalismo lingüístico -signo de afirmación y estima al Regne de promisión que se consolida-, maduró su lengua, que es la nuestra. Pionero en comunicar las ideas y sentimientos de un medieval caballero en trance de reconversión en burgués renacentista, su radical novedad -dolor novella que dins mon capa ha fet novella obra- fue introducir en la poética el flujo de la realidad -mon parlar ateny en res a faules- cotidiana, sus pasiones -Amor, de vós sap lo qui sens vós està- y concentrar su inspiración en su mundo interior, desnudado despiadadamente: A temps he cor d'hacer, de carn e fust: jo só aquest que em dic Ausiàs March.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 3 de marzo de 2000