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Vince Carter crece y crece

Otra semana redonda del escolta de Toronto refuerza su candidatura al trono de Jordan

"No necesito marcar 50 puntos, aunque a veces ocurra". Ocurrió el domingo, cuando Vince Carter, la superestrella en formación del baloncesto mundial, marcó 51 puntos a los Suns de Phoenix, la más alta puntuación lograda esta temporada por un jugador de la NBA. Carter tampoco necesita anotar siempre un triple agónico, con la bocina final sonando en pleno vuelo del balón, para darle la vuelta a una derrota. Pero ayer, frente a los Celtics de Boston, lo hizo. Es el jugador de la semana, del mes, del año... Su candidatura al trono dejado vacante por Michael Jordan desde su retirada de los Bulls no deja de ganar fuerza.Pero Carter, 23 años, no habla con el tono de una estrella. Porque, aunque lleva camino de serlo, no ha perdido los papeles, y pese a sus continuos volatines tiene los pies en la tierra. Su madre, Michelle, es una de sus más fervientes admiradoras, y el domingo vio cómo su hijo batía todas las marcas de la temporada. "No quería presumir, pero estaba como un niño con zapatos nuevos", confesó luego el jugador. "Miré a mi madre y pensaba que iba a salir volando del asiento".

"Vince es un chico muy afortunado", destaca Michelle. "En Estados Unidos hay muchos niños en hogares en los que sólo hay un padre. Tener a los dos ayuda a los niños y les sirve para hacer enfrentarse a los problemas sociales". Carter creció en una familia de clase media en Florida, con la madre y su segundo marido, con quien se casó cuando el niño tenía siete años, dedicados a la enseñanza. Era un ambiente equilibrado, en las antípodas de los que provienen muchos de los grandes deportistas norteamericanos. Cuando los Raptors estudiaron la contratación de Carter y analizaron su pasado no encontraron ninguno de los problemas que marcan a otros jugadores.

Carter es educado, tiene buen talante y es buen compañero. Quienes le conocen no dejan de tirarle flores. En el instituto destacó como deportista (baloncesto, voleibol, fútbol americano) siempre llamativamente flotando: a quien ahora llaman Aire o Air Canada, sus compañeros de aula le llamaban el Ovni. Y también tenía otras cualidades intelectuales. Era buen músico, tocaba el saxo y componía. Hasta se le llegó a ofrecer una beca para que estudiara música. Pero prefirió la universidad. Recaló en la de Carolina del Norte, la misma por la que unos años antes había pasado Michael Jordan: éste hizo Geografía; Air Canada está pendiente de terminar sus estudios sobre Cultura Afroamericana.

El uno inevitablemente tras los pasos del otro. Las constantes comparaciones se han convertido en una pesadilla para Carter. "¿Que si estoy cansado de que me comparen con Jordan? Pues claro", dice en Sports Illustrated, la biblia de deporte norteamericano, que la pasada semana le dedicó su portada. "Me lo tomo como un gran elogio, pero todo el mundo tiene instantes en que juega como Michael. Lo que me interesa es mi propia identidad".

Carter mide 2,01 y pesa 97,5 kilos, nada físicamente excepcional. Es su talento, su capacidad creativa, lo que le convierte en intratable en la pista. Hay quienes dicen que le falta manejo del balón o que debería mejorar su rebote, pero la mayoría de sus rivales ya hablan de que a Carter no se le puede parar y que lo máximo que se puede hacer es contenerle. Y eso que "está al 60% de lo que puede llegar a ser", según su entrenador, Butch Carter. "Llegará a jugar cada noche de un modo que pasmará".

La NBC cambió el domingo el orden de su programación para poder dar el choque que luego iba a resultar de los 51 puntos. Era la primera vez que el jugador de Toronto aparecía ante los ojos de los norteamericanos en un partido, después de hacerlo en el All Star (donde deslumbró con sus mates). El hecho de jugar en un equipo canadiense -donde el interés por el baloncesto no llega a los zapatos del interés por el hockey sobre hielo, el deporte nacional- le ha mantenido hasta ahora en un cómodo segundo plano. Aunque no tanto como para que marcas como Gatorade, Kellog's o Spalding hayan buscado un patrocinio que le puede rendir al final de la temporada del orden de los 20 millones de dólares (casi 3.500 millones de pesetas). Lo que no tiene Carter aún es el apoyo de una firma de deportes de alcance mundial. Antes de comenzar la pasada temporada se comprometió por cinco años con Puma, pero acaba de denunciar el contrato porque, según Sports Illustrated, las zapatillas le molestaban. El asunto está pendiente de arbitraje. Un patrocinio de esa especie no es asunto baladí. "Todo lo que Carter necesita es el tipo de maquinaria publicitaria que Nike puso a disposición de Jordan", dice el mítico Isiah Thomas. "Si lo consigue, tendremos otro Jordan".

Mientras tanto, Carter espera. Su contrato de cuatro años con los Raptors, que tienen opción a un quinto, finaliza en el 2002. Luego ya verá. De momento, aspira a colocar al equipo de Toronto, una formación con apenas un lustro de existencia, en la serie por el título. No irá más allá. Los Raptors llevan 30 victorias y 25 derrotas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 3 de marzo de 2000