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PINOCHET VUELVE A CHILE

La difícil evolución de Jack Straw

Jack Straw, 52 años, es abogado, aunque su carrera profesional por vocación y ambición es la política. El pasado 12 de enero acudió a la Cámara de los Comunes para anunciar que se aprestaba a liberar a Pinochet. Uno de sus colegas laboristas, Robert Marshall-Andrews, le dijo: "Aquellos de nosotros que hemos hecho causa común con Straw en protestas y vigilias días después de la muerte de Salvador Allende y la pesadilla que siguió en Chile sabemos personalmente de que usted no tiene nada que probarse a sí mismo, a la Cámara o a la comunidad internacional cuando se trata de expresar una oposición a dicho régimen, pero ¿reflexionará sobre lo que se ha logrado con lo que hizo y sobre los pasos que ha dado en estos meses?".Straw visitó Chile en 1966 cuando el presidente del Senado se llamaba Salvador Allende. Y luego se manifestó en Londres contra Pinochet.

Durante todo el procedimiento, Straw apoyó la extradición del ex dictador, una y otra vez, aún cuando los jueces lores intentaron descafeinar el caso y le sugirieron que reconsiderase el asunto ya que se habían reducido "drásticamente" los cargos. Los medios de comunicación le recomendaron dar marcha atrás, pero siguió adelante.

En octubre pasado, al considerar el magistrado Ronald Bartle que Pinochet podía ser extraditado, Straw estimó, según fuentes solventes, que el Reino Unido había hecho lo correcto. Pero también consideró que el caso podía eternizarse dos años más, como mínimo. Si Pinochet perdía el 20 de marzo su recurso contra la extradición, podía apelar a los jueces lores. E incluso cuando el caso pasara a manos del ministro del Interior, si su resolución era entregar a Pinochet a España, también cabía un recurso de revisión judicial por parte del ex dictador.

Straw aprovechó entonces "la mano" del Gobierno de Chile en el sentido de que era necesario revisar a Pinochet porque cabía el riesgo de que muriese en Londres. Straw y Tony Blair lo hablaron. Quizá haya elecciones generales en el Reino Unido en el año 2001. El caso Pinochet se pudriría en los tribunales, con críticas de la derecha conservadora y recelos de la izquierda. Ya era hora. Pinochet debía irse a casa. Es lo que finalmente decidió Straw ayer.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 3 de marzo de 2000