Para los miles de solicitantes de asilo que han esperado meses, algunos años, una decisión sobre su estatuto de refugiado, debe parecer extraordinaria la decisión de ayer de Jack Straw sobre los afganos que llegaron a Stansted el mes pasado. En pocas semanas se ha llevado a cabo, aparentemente, una gigantesca investigación y 29 solicitantes de carta de refugiado han obtenido respuesta del Gobierno del Reino Unido. Ciertamente, sus circunstancias eran excepcionales, ya que llegaron en un vuelo secuestrado. También es cierto que el ministro del Interior ha estado sometido a una intensa presión para hacer ver al mundo que su país no utiliza "mano blanda" y no puede -ningún país civilizado puede- permitir a pistoleros una vía rápida a un refugio seguro. Pero la rapidez y la escala de su decisión deja la impresión de un ministro que se inclina ante los medios de comunicación y el vendaval de los encuestadores de opinión. (...)Nadie debería olvidar lo que está ocurriendo en Afganistán bajo el brutal régimen talibán. Cerca de 4.000 afganos han pedido asilo en el Reino Unido el último año, de los que 800 de los primeros 805 han sido aceptados. (...). Straw conoce los precedentes en lidiar con las consecuencias de un secuestro. En 1982 y en 1996, los conservadores se convencieron de que en algún caso se podía permitir quedarse en el país a los secuestradores. (...) Su forma de resolver los casos de los que vuelven a Afganistán es una grave responsabilidad para él. Debemos esperar que el optimismo de Jack Straw sobre el destino de aquellos que vuelven a casa acabe siendo justificado.
Londres, 2 de marzo
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 3 de marzo de 2000