Los programas electorales se han convertido en el ideario de necesaria redacción pero no obligado cumplimiento que todos los partidos encuadernan en periodo electoral. Son cientos de párrafos que se agrupan por temas y que, en definitiva, resultan sólo un punto de referencia para los ejecutivos entrantes, ya que en la mayoría de los casos los partidos mayoritarios necesitan de las minorías para ejercer el poder, y por lo tanto pactar nuevos programas, esta vez de gobierno.El los últimos cuatro años, el principal cambio en las propuestas electorales está en las políticas de empleo y de pacificación. La mejora de la situación económica ha llevado a las formaciones de izquierda a defender la jornada semanal de 35 horas, y a las de derechas, a influir en la economía con nuevos anuncios de reformas fiscales, la defensa de las privatizaciones y una mayor flexibilización de los mercados laborales, sobre todo para facilitar la movilidad geográfica.
Sin embargo, sigue siendo un compromiso el cierre del proceso autonómico y la siempre pendiente reforma del Senado, al menos en los partidos de ámbito estatal, ya que los nacionalistas abogan por un esquema confederal del Estado. Incluso CiU, tras la Declaración de Barcelona, piensa, aunque de manera más pragmática que los nacionalistas vascos, en un escenario diferente.
Desconcierto
La pacificación es uno de los pocos temas que son aborados por todos los partidos que concurren a estas elecciones. Las únicas formaciones que dedican el cien por cien de su programa al País Vasco son los nacionalistas, mientras que PP y PSE apenas si territorializan alguna propuesta, y casi exclusivamente en materia de infraestructuras. El PSE dispone además de su Manifiesto, un anexo al programa nacional terminado de redactado por sus dirigentes Jesús Egiguren y Fernando Buesa el mismo día en el que ETA asesinó a éste.
Si en 1996 los partidos se cuestionaban la utilidad del Pacto de Ajuria Enea, apenas cuatro años después aquel acuerdo es ya agua pasada. Tan sólo el PP lo cita en la actualidad para acotar las condiciones en las que se producirían una eventuales conversaciones con ETA. El resto de los partidos han cambiado el chip.
No obstante, las posturas para resolver el llamado "problema vasco" parecen irreconciliables: Desde la independencia que persigue EA, y a la que se acerca el PNV al reivindicar el derecho de autodeterminación y su posterior ejercicio, a la defensa del marco constitucional inmutable en el que está el PP. En medio, el PSOE apuesta por un modelo federal en el que los socialistas vascos quieren ver una posibilidad de acuerdo con los nacionalistas, ya que establecería un nuevo marco de relaciones con el Estado.
Otra de las asignaturas pendientes que sigue formando parte de los programas de todos los partidos es la reforma de la Justicia, una justicia lenta y deficiente, en opinión de la mayoría de las formaciones. Aunque las comunidades autónomas con competencias en la materia han mejorado muchos aspectos, sobre todo en lo que se refiere a la dotación de medios materiales, la lentitud y los atascos siguen siendo el principal problema. El PNV solicita además la creación de órganos específicos de control judicial para el País Vasco.
En materia económica y de empleo, la situación ha dado un vuelco. De unos índices de paro preocupantes del 22% se ha pasado a una tasa entorno al 14%, y los programas electorales han pasado de hablar de cifras de creación de empleo a plantear como objetivo el pleno empleo. Incluso el PP, aunque las fórmulas para conseguirlo son diferentes. Los populares basan su receta en la flexibilización del mercado laboral y en la movilidad, mientras que el PSOE e IU sostienen que hay que estabilizar el empleo a base de repartir el trabajo y reducir la jornada a 35 horas, aunque la cifra sea más orientativa que otra cosa.
El catálogo de buenas intenciones no se queda en los grandes problemas del país. También analizan el medio ambiente y la reducción de la Administración.Sin embargo, aunque son los programas del siglo XXI, y de que en cierta manera todos se preocupan de abogar por la tarifa plana para internet, ningún partido ha ofrecido sus propuestas en CD. Eso sí, han metido los próximos cuatro años en los 800 folios que ocupan, aunque su caducidad sea inminente. En virtud de los pactos de investidura apenas duran lo que cuesta formar Gobierno.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 3 de marzo de 2000