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Tribuna:

Cuevas y cavernas

Los hechos son conocidos: en una reunión con empresarios, el candidato del partido socialista, Joaquín Almunia, propone potenciar el Tribunal de Defensa de la Competencia. Pero el presidente de la CEOE, José María Cuevas, no se arredra y contesta a Almunia que se deje de milongas. Al PSOE le indigna la parcialidad del capitoste empresarial en plena campaña y el Partido Popular, por el contrario, sale vigorosamente en su defensa.En palabras del portavoz del Gobierno, hay que defender la "libertad de expresión" del señor Cuevas. Por otra parte, también subraya la necesidad que tienen siempre las empresas de "certidumbre" y no de "desconfianza" a la hora de llevar adelante su abnegada labor de amasar euros.

Dos hechos sorprenden en el taurino (y descortés) desplante de Cuevas al candidato socialista: por una parte, su parcialidad. Los máximos representantes de entidades y organizaciones sociales deben mantener, por más que manifiesten sus tendencias, una cierta corrección en periodo electoral. Pero aún parece más criticable el modo en que el Partido Popular considera la actitud de Cuevas al respecto: ¿Libertad de expresión? ¿No hubiera destacado el PP, ante declaraciones en sentido contrario, que el presidente de la CEOE no respeta la pluralidad? ¿Por qué cuando alguien habla a favor de sus intereses ejerce la libertad de expresión y si lo hace en contra resulta que no es plural? ¿Se acuerdan de tantos otros presidentes a los que se niega esa misma libertad? Misterios de la argumentación política.

El segundo extremo merecería todo un tratado sobre la hipocresía: que al empresariado, paradigma del liberalismo económico, le moleste el fortalecimiento de la libre competencia resulta clamorosamente revelador de sus más secretas intenciones. La libre competencia, en el fondo, es atributo de una saneada economía, y no tanto de la privada y privativa ideología empresarial.

A toda empresa le gustaría disfrutar de un riguroso monopolio en su sector y no medirse día a día con molestos competidores emergentes. La defensa que el Partido Popular realiza de las palabras de Cuevas también resulta desgarradora: dice que los empresarios necesitan certidumbre y confianza. Toma, y los trabajadores. A los que cada vez les queda menos de ambas cosas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 3 de marzo de 2000