El consorcio internacional Sea Launch (EEUU, Rusia, Noruega y Ucrania) no sabe todavía por qué los restos de un satélite de comunicaciones se encuentran a esta hora en el fondo del Pacífico. El cohete de fabricación ucrania que debía de ponerlo en órbita desde la mitad del océano (concretamente, desde una plataforma petrolera) falló a los ocho minutos de su despegue. El accidente, el primero en esta modalidad de lanzamiento, afecta a Rusia y Ucrania, que esperaban obtener de esta aventura fondos para sus programas espaciales. Sea Launch ha decidido poner buena cara al mal tiempo y ha hecho pública una declaración en la que asegura que el fracaso el domingo del lanzamiento de un satélite de comunicaciones valorado en 17.300 millones de pesetas, de la compañía ICO Global Communications, con sede en Londres, no influirá en los planes del consorcio y expresa su confianza en que éste podrá garantizar en el futuro lanzamientos seguros.
El primer satélite de la ICO fue lanzado desde una antigua plataforma petrolera noruega en las cercanías del ecuador. El cohete era un Zenit-3SL ucranio, con dos etapas originales y una tercera adaptada del Proton ruso. A los casi 8 minutos de vuelo, cuando se había encendido ya la segunda etapa, el cohete desapareció para los controladores, que todavía no saben si se destruyó al desviarse de su trayectoria correcta y caer al mar o si se activó el mecanismo de autodestrucción al detectar algún fallo. Se calcula que los restos cayeron al mar a 4.000 kilómetros de distancia del lugar de lanzamiento (cerca de la isla de Christmas). El satélite era el primero de una serie de 12 que la compañía estadounidense Hughes Space Communications ha construido para la ICO, que se encuentra en graves apuros financieros y planea crear una red de teléfono móvil por satélite.
Duro golpe
El consorcio Sea Launch está liderado por la empresa estadounidense Boeing (40% del capital), la compañía rusa Energuia, constructora y dueña de la Mir (25%), dos empresas ucranias (15%), y una noruega (20%). El lanzamiento del domingo es el tercero que hace Sea Launch desde una plataforma marítima. El primero, de demostración, data de marzo del año pasado; el segundo fue hecho con éxito el 10 de octubre de 1999 para poner en órbita el satélite de televisión Dires TV-1IR.
El fracaso es un duro golpe para Rusia y Ucrania, que confiaban en que el proyecto de la plataforma flotante autopropulsada constituiría una fuente de ingresos para revitalizar la industria espacial, que en ambos países sufre por la falta de inversiones.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 14 de marzo de 2000