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La Abadía ambienta un 'lope' en la Barcelona actual

Vestidos de raperos en vez de con trajes de época, en una house party en la Barcelona del año 2000 en vez de en la de 1600 y en una casa rural en vez de en un jardín barroco, los actores de No son todos ruiseñores hablan casi con los mismos versos que un anciano Lope de Vega escribió en el Siglo de Oro. Ésa es la apuesta que el director Eduardo Vasco y la escritora Yolanda Pallín, con Noviembre Compañía de Teatro, presentan desde el 4 de mayo y hasta el 4 de junio en el escenario del Teatro de la Abadía de Madrid. En esta "comedia de celos, amores y ambiente festivo", como la definen Vasco y Pallín, la trama principal -"una dama catalana de estupenda familia se liga a un pollo madrileño"- se combina con otras tramas menores, en las que todos intentan "enamorarse pero no demasiado", en palabras de Pallín. En los enredos se mezclan las mentiras del enamorado para poder contactar con la mujer de sus desvelos y embaucarla, y las penas de los personajes que se mueven entre los celos y la tristeza de un amor que piensan que no es correspondido. Pero la banalidad del coqueteo da paso a la convicción de que "no se puede eludir el compromiso que los propios sentimientos engendran".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 28 de abril de 2000