De la mano de la Copa, el Espanyol vive una luna de miel después de transitar a mitad de curso por la zona peligrosa de la Liga. Instalado en la zona cómoda de la tabla, el club blanquiazul aspira a lograr su tercer título copero justamente en el año que celebra su centenario. El cambio de entrenador, ocurrido a finales de enero, explica primordialmente el cambio.Paco Flores, un técnico de la casa que ha entrenado en todas las categorías salvo en Segunda División A, el hombre que siempre se ofrece cuando surgen los problemas, asumió la dirección de un grupo que el argentino Miguel Ángel Brindisi había dejado en 13ª posición, después de haberse paseado por las posiciones de descenso (17º), tan sólo una semana antes.
El 23 de enero, frente al Valencia, Flores dirigió su primer partido de Liga y lo saldó con victoria (1-2). Con Brindisi, en el banquillo, el Espanyol había sumado seis victorias, cinco empates y nueve derrotas en 20 partidos. Tanto como la clasificación, preocupaba el ambiente sumamente enrarecido que se respiraba entre la plantilla. Los jugadores parecían haber perdido la confianza en Brindisi y sus teorías. De modo que el cambio de técnico se acogió con los brazos abiertos. Los resultados confirmaron la buena predisposición. El Espanyol encadenó dos victorias y un empate entre la Liga y la Copa del Rey y empezó a trazar el camino por el que se iba a manejar. Desde entonces, en 14 partidos de Liga, suma seis victorias, cinco empates y tres derrotas. En la Copa, la trayectoria es, si cabe, más espectacular: seis encuentros, cuatro victorias, una derrota y un empate.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 28 de abril de 2000