Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra
Crítica:

Un hombre eterno

El doctor Pedro Vallina (1879-1970) es uno de esos personajes que parecen extraídos de una novela. De hecho, Vicente Tortajada tomó su figura para trazar al protagonista de su novela Flor de cananas (Renacimiento, 1999). Vallina fue un médico anarquista que conoció a fondo las miserias y las sombras de la España anterior a la guerra civil. Este médico libertario nacido en Guadalcanal (Sevilla) no sólo intentó con su trabajo aliviar la pobreza y el dolor de muchas personas, sino que también combatió las raíces de esa situación injusta. Su exilio en México hizo más fuertes sus ideales. Con 88 años, su energía se vio mermada y para no estar inactivo se puso a escribir sus memorias. El libro estaba agotado. Libre Pensamiento y el Centro Andaluz del Libro han puesto al alcance del público está obra.Mis memorias es un libro escrito en un estilo directo, sencillo y eficaz. Esto lo convierte en un sabroso festín literario para quien huya de relatos herméticos y solipsismos que analizan el vuelo de una mosca. Vallina fue un hombre de acción, un personaje barojiano que supo combinar una febril y generosa actividad médica, con una gran capacidad de reflexión y estudio. Vallina era un hombre hecho de una pasta que puede resultar demasiado exótica en la España que se emboba con Gran Hermano y se despelleja a latigazos de estrés por tener el último modelo de automóvil.

Vallina murió hace 30 años, pero su vida para muchos de los urbanitas contemporáneos es tan ajena como la de un esquimal. La fascinación que estos anarquistas audaces y generosos, idealistas y anticlericales, provocaron a principios de siglo en escritores como Azorín y Baroja no resulta extraña tras leer estas memorias. Combatieron una sociedad podrida por la injusticia y lo hicieron con unas creencias que sustituían la religión por la fe en el hombre. La vida de Vallina está, además, repleta de lances y aventuras. Fue una existencia azarosa que incluyó prisiones, destierros, y, finalmente, el exilio.

El estalllido de la guerra civil y los años de contienda ocupan una parte importante en un libro que ayuda a conocer la España de la que venimos. La obra dibuja, además, la figura de una persona a la que se podría definir con el título de la película que Fred Zinnemann dedicó a santo Tomás Moro: Un hombre para la eternidad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 6 de junio de 2000