La actriz onubense Amparo Marín, de 30 años, recorre actualmente España como protagonista de la obra Mañanas de abril y mayo, de Calderón de la Barca, que ha dirigido Miguel Narros. Amparo Marín tiene un rostro lleno de expresión y energía. Hace dos temporadas interpretó a Yerma, el personaje creado por Federico García Lorca, en un montaje del Centro Andaluz de Teatro (CAT).Pregunta. ¿En qué consiste Mañanas de abril y mayo?
Respuesta: Se trata de una comedia llena de alegría en la que lo principal es la primavera. Esa estación hace que los personajes se desborden en euforia, en celos, en equívocos. Todo son enredos Las mujeres van embozadas, los hombres llevan capa y espada. El montaje se estrenó en Jerez el pasado enero, y en julio participaremos en el Festival de Teatro Clásico de Almagro.
P. ¿Cómo ha sido el trabajo del director Miguel Narros con los actores?
R. Estamos hablando de uno de los mejores directores teatrales que hay en España desde hace años. Un maestro. Tiene una gran sensibilidad. Del texto saca la acción, y eso es lo mejor que puede hacer un director teatral. Porque el teatro es acción. Considero que trabajar con Miguel Narros es un lujo.
P. Usted es hija de José Antonio Marín Rite, ex alcalde de Huelva y actualmente parlamentario y senador del PSOE. ¿Qué le dijo su padre cuando usted le comentó que quería ser actriz?
R. Me preguntó si lo había pensado bien. Luego, tanto él como mi madre me han apoyado mucho.
P. Dice el crítico teatral Eduardo Haro Tecglen que el teatro, fundamentalmente, es palabra y actor. ¿Está usted de acuerdo?
R. Sí, aunque hay muchos tipos de teatro. El libro de los gustos está abierto. A mí me gusta mucho el teatro en el que prima el texto y el intérprete, pero sin una buena dirección resulta difícil que se consiga un buen espectáculo en su conjunto.
P. Sus compañeros afirman que tiene usted un rostro lleno de dramatismo.
R. Yo gesticulo mucho, pero un actor trabaja con su cuerpo, con su voz y con su inteligencia. Todo el mundo siente, pero el actor está obligado a proyectar lo que siente hasta la última butaca de la sala teatral.
P. Hay críticos que aseguran que los actores españoles no saben decir bien el verso. ¿Está usted de acuerdo?
R. Hay poca tradición en España de decir el verso, porque hubo una interrupción. Así lo afirman la mayoría de los directores. Aquí hemos cuidado poco el teatro clásico, que fue riquísimo en nuestro Siglo de Oro.
P. ¿Le divierte hacer teatro?
R. Sí, aunque a veces me produce mucho miedo. Soy un pelín masoca.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 6 de junio de 2000