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Tribuna:NEGRITAS

La calle

Dicen las lenguas de doble filo, que cuando llevaba dos semanas en su retiro de Madrid, la flamante ministra de Sanidad, en una espera entre una entrevista de radio y otra de televisión, llamó a su amiga Teófila Martínez para darle un recado urgente. No era para avanzarle que iba a decir que su modelo sanitario era el de Manuel Chaves, ni que se disponía a nombrar jefa de su gabinete a la diputada por Granada Isabel Torné. No, porque de ambas historias se enteró doña Teófila por conductos menos directos, como la prensa o la antigua ejecutiva del SAS en Almería y Málaga. Para lo que la ministra llamó fue para advertirla de un peligro que corrían los populares en Málaga: "Estamos perdiendo la calle". Martínez mandó rauda un alarmado recado al nuevo alcalde Francisco de la Torre, con su preocupación por la pérdida de algo tan popular, tan fraguista, como la calle. De la Torre, que tiene elegantes maneras de político anglosajón, no se alteró ante la exagerada pretensión de que, por su mala cabeza, había perdido el capital callejero de su antecesora, en la marca de dos semanas. Y aquí tenemos al bueno de don Francisco tomando la calle: el jueves en las obras del nuevo Paseo Marítimo de Poniente, el viernes en las obras del mercado de las Atarazanas. Entretanto la calle es de miles de jovencitos que circulan por la ciudad a lomos de motillos rápidas y ruidosas, muchas veces sin utilizar el casco, y llevando una tripulación de uno, dos y hasta tres ocupantes. Las motos zigzaguean delante de los coches, se saltan todos los semáforos, no llevan en ocasiones ni placa de matrícula. Y todo ocurre con una cierta impunidad. No ve uno a la Policía Local empeñada en acabar con el problema. Las huestes de Manuel Ramos, el concejal jefe de los guardias, están empeñadas en repartir deudas con la hacienda municipal entre los sufridos automovilistas que no tienen donde dejar el vehículo. Es decir, que la policía prefiere el abordaje a objetivos estáticos, antes que a los dinámicos. Al menos cuando se desplazan rápidamente. Porque el viernes el director Fernando León, cuando caminaba hacia la entrada de personalidades del Festival de Cine de Málaga, fue interceptado por un guardia y expulsado de la calle reservada a los protagonistas del certamen. El agente juzgó su pelo largo, las barbas y la muñeca escayolada demasiado desaliño para un evento tan fino. Afortunadamente, el personal de la organización pudo rescatar al director de Familia y Barrio antes de que se volviera al hotel.

IGNACIO MARTÍNEZ

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 6 de junio de 2000