El programa Gran Hermano, del canal privado de televisión Tele 5, es, a todas luces, la degradación moral máxima a que puede llegar un medio de comunicación con tal de lograr altos índices de audiencia, excitando la morbosidad más insana y fomentando la total denigración de valores y dignidad humanos. No importa que haya sido emitido en otros países y si es o no aceptado por diferentes públicos. Tampoco si los propios concursantes aceptan voluntariamente su encierro; también muchas personas aceptarían de buen grado situaciones inimaginables a cambio de dinero o simplemente fama.Lo esencial es que se aprovecha su ingenuidad, su afán de protagonismo o su ignorancia y, sobre todo, sus posibles carencias económicas o personales, sean cuales sean, para despojarles de todo lo que entendemos por humanidad; todo ello se presenta como un moderno divertimento o un experimento sociológico, lo cual resulta terroríficamente cínico. Las personas que son encerradas y observadas como cobayas durante tres meses no son actores; a pesar (o, mejor dicho, a causa) de la supervisión psicológica a que son sometidos, corren el riesgo de sufrir graves desequilibrios emocionales y, por tanto, se pone también en peligro su integridad física. Literalmente, se juega con ellos y con lo que representan (representamos) como seres humanos. No todo está permitido. Aunque lo esté.- Carlos J. Debritto. Barcelona.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 6 de junio de 2000