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Honores para una nutrida comitiva

"Who is that?" [¿Quién es?], preguntó una turista el domingo, sorprendida ante tal enjambre de personas, cámaras y guardaespaldas que paseaban por San Andrés, en la misma ribera del Danubio. "The president of Catalonia", fue la respuesta. "The president of Polonia?", volvió a preguntar. "No, the president of Catalonia". "Ah, Barcelona!", contestó satisfecha. Aclaradas las dudas y terminado el recorrido, la nutrida comitiva puso el pie en el acelerador rumbo a la población de Esztergom para visitar la basílica de San Esteban.Las actuales autoridades húngaras han recibido por primera vez la visita oficial de un presidente de una comunidad autónoma española. Quizá por ello han querido agasajar a su ilustre invitado, Jordi Pujol, con toda clase de honores. En algunos actos, incluso, otorgándole rango protocolario de jefe de Estado, como ayer en la ofrenda a la tumba al soldado desconocido, en la que también participó Antoni Negre, presidente de la Cámara de Comercio de Barcelona.

El séquito catalán está integrado por unas 14 personas, que sumadas a las húngaras, ocupan en sus desplazamientos por Budapest un total de 12 coches, cuatro motoristas que abren el paso, un vehículo de la policía, una furgoneta para extras y el autobús de prensa. Jordi Pujol y el embajador español, el catalán Fernando Perpiñá-Robert, con sus respectivas esposas, encabezan la comitiva en una limusina de la marca Mercedes.

La seguridad del presidente va a cargo del Gobierno húngaro. Dos guardaespaldas caminan siempre pegados a Pujol. Hasta tal punto llegaron a abrumarle, que el presidente tuvo que rogarles que, por favor, le dejaran un ratito en paz. No se salió con la suya. Al final, Pujol agarró a uno de ellos por el antebrazo y lo situó a unos metros por detrás de él.

En la comparecencia pública, el presidente de la Generalitat se permitió bromear a costa de un estupefacto Viktor Orbán, primer ministro húngaro. La gran sala del Parlamento donde comparecieron estaba presidida por un gran fresco. Orbán pronunció un corto discurso sobre las relaciones entre Cataluña y Hungría. Pero cuando a Pujol le tocó el turno, sus primeras palabras fueron para interrogar al primer ministro sobre la escena que representaba la pintura.

"Se trata de una coronación", respondió Orbán. La respuesta no satisfizo a Pujol. "¿Pero qué coronación?", interrogó de nuevo el dirigente nacionalista. El primer ministro húngaro se encogió de hombros y dijo que, sinceramente, desconocía de qué coronación se trataba.

Fue entonces cuando Pujol quiso demostrar sus conocimientos de la historia magiar y empezó a preguntar por nombres de reyes húngaros: Esteban, Matias, Bela... La ocurrencia de Pujol desconcertó al séquito magiar y al propio Orbán que, perplejo ante tamaña curiosidad del presidente catalán, no paraba de mirarse el cuadro y rozarse el mentón con la mano.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 6 de junio de 2000

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