Carlos Fabra ha animado a los jóvenes del Partido Popular a conquistar las universidades valencianas. Al señor Fabra le parece que las universidades valencianas están dirigidas por elementos peligrosos, gente de ideas acusadas y extremistas, nacionalistas de carácter violento. Es natural que, ante estas presunciones, se asuste y pida a los jóvenes de Nuevas Generaciones que tomen la universidad para librarla de estos males. Indudablemente, si el señor Fabra visitara con mayor frecuencia las universidades, si se preocupara por conocerlas, si dialogara con los estudiantes que las concurren, con sus profesores, seguramente no diría unas cosas tan tremendas. No hace falta ser un experto en nuestras universidades para advertir que estas son mucho más plurales y pacíficas de lo que el señor Fabra imagina en su ignorancia.Pero, el señor Fabra, por lo que sabemos de él, por lo que hemos leído en los periódicos, no dispone de tiempo para dedicarlo a estos asuntos. Fabra es un hombre muy ocupado. Un hombre que se ha pasado la vida mandando y, claro está, cuando uno tiene estas obligaciones suele disponer de poco tiempo para otros menesteres. Es el precio del poder. Además, tengo yo la impresión de que al señor Fabra eso de ir a hablar con la gente, de escucharla, de intercambiar puntos de vista, habrían de parecerle chirinolas. Realmente, si a uno le basta con mandar, para qué perder el tiempo escuchando a los demás. En fin, que él me perdone si no es así. Pero, mira uno el rostro del señor Fabra, su ceño severo, busca averiguar la calidad de la mirada que se oculta tras esos cristales siempre oscuros y se le encoge el ánimo. Ya sé que uno no debiera fiarse de tales apariencias, pero cuando casamos estas apariencias con las manifestaciones verbales del presidente provincial del Partido Popular de Castellón, el encogimiento de ánimo se convierte en escalofrío.
Estas declaraciones de Fabra han provocado, como era de esperar, un considerable revuelo. Rectores de algunas universidades y diversos políticos han reaccionado con viveza por ver en ellas un talante caciquil que recuerda los tiempos anteriores a la democracia. Pedro Ruiz, el rector de la Universidad de Valencia, ha dicho que el llamamiento de Carlos Fabra a los jóvenes de Nuevas Generaciones, manifiesta la voluntad del Partido Popular de domeñar a aquellas instituciones "que no marcan el paso al ritmo que marca el poder". Yo creo que Ruiz ha acertado plenamente con esta valoración. Para quienes siguen con atención las peripecias de nuestra política, estas declaraciones del rector valenciano no sonarán exageradas. Son numerosas las ocasiones en que el Partido Popular de nuestra Comunidad ha actuado en tal sentido. De hecho, podemos decir que nuestra derecha aplica, en estos momentos, un doble lenguaje. El oficial, que se quiere conciliador y centrista, moderado y se reserva para las grandes proclamas y el real, que resulta ser un lenguaje silencioso que es obligado leer en las acciones de estos políticos, en sus órdenes, en su trato cotidiano. El ataque de Carlos Fabra a las universidades supone una quiebra de este comportamiento y revela lo que una buena parte de nuestra derecha piensa y desea. Esta claridad, al menos, hay que agradecérsela al presidente de la Diputación de Castellón.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 6 de junio de 2000