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Tribuna:

Formación profesional para el siglo XXI

Es una obviedad afirmar que estamos instalados en un mundo que, en materia económica y empresarial, se parece muy poco al que conocieron nuestros padres e, incluso, al que nosotros conocimos y en el que empezamos a ser empresarios hace 10, 20 o 30 años. La tecnología disponible, los procesos de producción, los sistemas de gestión y los métodos de venta hoy tienen muy poco que ver con los que existían y aplicábamos no hace tanto tiempo.Este aluvión de cambios nos exige a quienes queremos pervivir y competir en el mercado grandes esfuerzos de adaptación. Tenemos que hacer de la innovación norma; de la calidad, ley. Y entre otras muchas cosas, para lograrlo necesitamos disponer de importantes recursos en formación; tanto para cuadros directivos, como para técnicos y trabajadores de línea.

La formación aplicada a los procesos productivos es una condición necesaria para la adaptación y el cambio, que en nuestro caso es lo mismo que decir para la supervivencia. Y no estoy pensando ahora en formación genérica, sino en Formación Profesional, porque sólo disponiendo de una adecuada oferta de centros, cursos y especialidades de Formación Profesional, adquieren su pleno sentido todos los esfuerzos e inversiones que estamos realizando las empresas para conservar e incrementar los ratios de rentabilidad en el nuevo entorno económico.

Justo es reconocer que, si estamos viviendo profundos cambios en la economía y la empresa, afortunadamente también se han producido espectaculares avances en la sensibilización social hacia la formación. En España se ha producido en los últimos años un salto espectacular tanto cuantitativo como cualitativo, en lo que se refiere a demanda de formación de todo tipo por los distintos agentes sociales. En el caso concreto de la Formación Profesional, con la entrada en vigor de la LOGSE y los ciclos formativos de grado medio y superior, se ha dado un primer e importante paso en la adaptación de la Formación Profesional (FP) a las nuevas demandas económico-sociales. Pero a pesar de ello, la carencia de los recursos necesarios ha hecho que en estos momentos aún se echen en falta nuevos centros de FP, adaptación del profesorado y sus enseñanzas a las nuevas tecnologías industriales y sistemas de producción, y dotación de equipamiento didáctico adecuado para los centros de enseñanza.

Es duro reconocerlo porque -estoy seguro- es mucho el esfuerzo que se hace y ha hecho para poner en marcha la LOGSE y todas las reformas en ella contenidas; incluyendo, obviamemte, las que afectan a la FP. Pero negar la realidad no nos ayudará a cambiarla para mejorarla, y lo cierto es que la Formación Profesional en España hoy tiene, de entrada, dos graves problemas:

1. Falta de medios, empezando por centros y aulas, y continuando por equipos de enseñanza adecuados, formados por las máquinas y equipos que los alumnos se encontrarán luego cuando salgan al mercado real.

2. Insuficiente formación entre los docentes, entre los formadores, para preparar a los jóvenes que se les confían, a fin de que puedan cumplir con las expectativas que los industriales tenemos puestas en un titulado de nivel medio y/o superior cuando lo contratamos.

Y estas carencias generan un efecto de pescadilla que se muerde la cola. Como la formación ofertada y los medios con los que se imparte dicha formación no son adecuados para responder a las expectativas del mercado -y eso los alumnos lo saben-, los jóvenes no se sienten atraídos hacia la formación profesional de carácter técnico e industrial, con lo que no llegan al mercado nuevas promociones de profesionales y empleados especializados.

Las empresas, que necesitamos ese tipo de profesionales especializados en oficios y maquinaria tradicional, así como en el uso de máquinas de control numérico, tornos, fresadoras, estructuras metálicas, etcétera, nos vemos en la obligación de ir quitándonos unas a otras -encareciendo el coste/hora del factor trabajo- a los mejores especialistas, y/o ir formando en los propios talleres y desde el aprendizaje a estos profesionales. Cualquiera de las dos alternativas es mala, pues ambas merman capacidad competitiva a la empresa española respecto a la situación en la que se encuentran los industriales de otros países de la Unión Europea.

Cuando comparamos la realidad actual española en materia de Formación Profesional, con el panorama que nos ofrece la Universidad -tanto en oferta de enseñanzas y títulos, como en disponibilidad de medios y calidad de los docentes-, el resultado es descorazonador y malo para todos. Y ello por dos motivos.

1. Porque el abismo entre cantidad y calidad de oferta en FP y Universidades cada día crece más y más, generando la correspondiente injusticia del agravio comparativo.

2. Porque se está invirtiendo una ingente cantidad de recursos para la formación de titulados superiores que la sociedad española no necesita tanto, como buenos profesionales cualificados que salgan de la Formación Profesional.

Estamos fomentando entre todos un mal modelo, en el que se destinan recursos y esfuerzos públicos y privados a crear titulados que la sociedad no necesita en la cantidad que están saliendo de las aulas universitarias, mientras que las empresas estamos necesitando profesionales cualificados, formados con equipos y técnicas que no están disponibles en los centros de FP.

Entendemos que, además de incrementar los recursos presupuestarios para la construcción de centros de FP y su dotación con equipos de aprendizaje adecuados y actualizados, una de las líneas de actuación a seguir en el futuro inmediato es propiciar un acercamiento entre la empresa y sus organizaciones representativas, y la red de centros de FP existentes. Dicho acercamiento puede pasar por institucionalizar la realización de prácticas en las empresas concertadas con los centros de FP y/o la realización de charlas y presentaciones de empresas en dichos centros, para que los alumnos tengan referencias y conocimientos en el momento de solicitar las prácticas.

En cualquier caso, dada la rapidez con la que se producen los cambios y mutaciones en el mundo de la empresa, la clave para lograr avances y éxitos en el desarrollo de la LOGSE va a estar en dotarla de la máxima flexibilidad en la aplicación y desarrollo de los ciclos formativos, a fin de que las enseñanzas puedan adaptarse a las necesidades de alumnos y empresas en materia de horarios, ubicación de centros y desarrollo de módulos docentes.

Antonio Almerich es presidente de la Federación Empresarial Metalúrgica Valenciana.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 6 de junio de 2000