Margarita J. H., la mujer acusada de contratar los servicios de dos sicarios para que mataran a su marido a martillazos cuando éste dormía, aseguró ayer ante el tribunal de Alicante que juzga el asesinato de Juan Galán Andrada, cometido en septiembre de 1999, que sólo comentó con uno de los presuntos matones que estaba harta de su marido y que deseaba matarlo. El asunto, dijo, se le fue las manos, ya que los dos sicarios, amigos de su hijo, tomaron en serio ese comentario y cumplieron el deseo de la mujer. El fiscal pide 25 años de prisión a la acusada, y 24 para los sicarios.
Ninguno de los tres acusados por el asesinato de Juan Galán Andrada -Margarita J. H., Moisés Maciá Vega y Francisco Leonardo García- reconocieron los hechos que les imputan el fiscal y la acusación particular, ejercida por la familia de la víctima. Margarita J. H, la supuesta inductora del crimen, admite que colaboró en la eliminación de pruebas, como encubridora, pero negó que hubiera trazado un plan para segar la vida de su marido. "Es inocente de asesinato", dijo su abogada al jurado. La acusada, sin embargo, se autoinculpó tras ser detenida, y relató minuciosamente cómo preparó el asesinato.Uno de los jóvenes acusados, Moisés Maciá Vega, negó su participación en los hechos. El otro, Francisco Leonardo García, se declaró culpable de un delito de encubrimiento e inocente de la autoría material del asesinato.
Según la declaración de Margarita ante el tribunal, su error fue comentar a uno de los chicos que estaba harta de su marido y que deseaba matarlo. No midió sus palabras, ya que, según su versión, los jóvenes hicieron realidad su deseo sin que ella pudiera impedirlo. Cuando los dos supuestos sicarios acudieron de madragada a la vivienda dispuestos a realizar el trabajo, Margarita fue a la cocina a por dinero, con la idea de entregar 60.000 pesetas a los jóvenes para que desistieran de matar a Juan Andrada. Pero, cuando regresó, " ya era demasiado tarde", declaró.
Según la calificación provisional del fiscal, que pide 25 años de prisión para la mujer y 24 para cada uno de los presuntos sicarios, Margarita preparó el asesinato de su marido con los dos jóvenes amigos de su hijo. Se reunió con ellos y les propuso que dieran muerte a Juan Andrada a cambio de seis millones de pesetas.
Según el fiscal, mientras la víctima descansaba, Margarita le suministró somníferos. Luego bajó al portal del edificio, en la calle General Espartero de Alicante, abrió la puerta a los dos jóvenes, les guió hasta la habitación donde se encontraba Juan Andrada y les dio un martillo a cada uno de ellos para que lo golpearan hasta matarlo. Ella aguardó en otra estancia de la vivienda. Cuando los jóvenes creyeron que la víctima había fallecido abandonaron la habitación y se reunieron con Margarita. Pero no estaba muerto. Se oyeron gemidos, por lo que la acusada ordenó a los jóvenes que remataran la faena. Al día siguiente, según el fiscal, los tres acusados envolvieron el cuerpo en una cortina y lo trasladaron a una zona despoblada del barrio de Villafranqueza, donde le prendieron fuego.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 6 de junio de 2000