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Tribuna:BALONCESTO Final de la Liga ACB

Quince años después

Las 12 temporadas de Aíto como técnico del Barça -en dos ejerció como director deportivo y en otra se tomó un año sabático- se iban pareciendo tanto unas a otras que había acabado por extenderse la certeza de que el equipo azulgrana, de la misma manera que naufragaba en la Euroliga, en las finales de la Liga ACB, a cinco partidos, era invencible. A juzgar por lo mucho que el propio Aíto ha insistido en la cuestión, diríase que sus propios jugadores habían sido los primeros en acabar creyendo a pies juntillas en esa ley no escrita. La consiguiente displicencia que ha exhibido el equipo azulgrana en muchos partidos ha acabado por pasarle factura. El Barça ha caído justamente en la situación en la que tantas otras veces había edificado su fama. Era un maestro consumado. En situaciones extremas era un equipo imbatible, y había pasado muchas; sin ir más lejos, en los cuartos de final contra el Unicaja o en la misma final, cuando evitó el 3-1 en Madrid.Esta temporada el Barça ha sido un equipo más inestable de lo que es habitual y ha acabado pagándolo muy caro quedándose sin ningún título, algo inaudito cuando ha tenido a Aíto en el banquillo. El problema es que el equipo no ha contado con ese jugador que galvanizase su juego. Tal vez le ha faltado Rigaudeau, el base escolta francés al que pretendió fichar a principios de temporada. Aíto se la jugó con un equipo físico y con una tremenda capacidad reboteadora, pero carente de tiradores fiables y sin ese jugador capaz de abanderar su juego. Fue una apuesta. Otra más de las muchas que ha hecho Aíto, un entrenador que siempre ha arriesgado y que casi siempre se había salido con la suya, al menos en la Liga española. Pero esta vez el proyecto se le ha ido de las manos. Los extranjeros -Goldwire y Alston- y el comunitario de lujo -Gurovic- han sido los primeros en dotar de un carácter inestable al equipo, y la valentía del técnico dando minutos a los jugadores jóvenes -casos de Juan Carlos Navarro o Gasol- se ha combinado con la incorporación de los inexpertos Digbeu y Elson.

De tanto ir por el filo de la navaja, el Barça de Aíto ha acabado desangrándose y ha comprometido seriamente la confianza en un técnico más avalado por los resultados en la Liga ACB que por su carisma o por su historial en una competición europea que siempre se le ha resistido. Un lastre para la próxima temporada, en la que, en principio, Aíto tiene que seguir en el banquillo azulgrana aunque en la presidencia del club ya no esté Núñez, su máximo valedor, el hombre que ha puesto en sus manos todas y cada una de las decisiones que se han producido desde que llegó procedente del Joventut en 1985, sin posibilidad de que nadie -Flores, Maljkovic, Comas o Montes- haya podido intentar siquiera afrontar el reto de imponer otro proyecto. Han sido 15 años de aitismo; muchos dieron resultado, éste no.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 6 de junio de 2000