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Chirac acepta el recorte de siete a cinco años del mandato presidencial

Bajo la presión de buena parte de la clase política y de un primer ministro y futuro contrincante, Lionel Jospin, que enarbola contra él la bandera de la modernidad, Jacques Chirac aceptó anoche reducir de siete a cinco años el mandato presidencial. El compromiso público de poner fin al septenato del jefe de Estado, elemento característico de la V República francesa, abre la vía a un verdadero cambio de régimen, aunque los expertos constitucionalistas discrepan sobre el alcance y los perfiles de esa nueva génesis institucional que algunos llaman ya la VI República.

Mientras algunos sostienen que el cambio conduce a un régimen netamente presidencialista, muy superior al actual, otros defienden la idea de un reforzamiento del poder del Parlamento y del principio de una verdadera renovación política del sistema y de la élite dirigente. Aunque el presidente Chirac subrayó la idea de que el cambio constitucional, con ser importante, no modifica substancialmente las instituciones -cambiar algo para no cambiar nada-, buena parte de los analistas comparte la opinión de que Francia comenzó anoche a desmantelar el viejo edificio institucional de la V República instaurado por el general De Gaulle en 1958. Precisamente, a lo largo de la entrevista televisada en la que hizo el anuncio de la modificación, Jacques Chirac, líder del RPR, el partido gaullista por excelencia, reclamó con igual intensidad la herencia política de Charles De Gaulle y su adhesión a la "modernización de la vida política". Preferentemente en las filas de la derecha, no faltan tampoco quienes hablan de "traición" al legado gaullista. Según la encuestas, tres cuartas partes de los franceses, juzgan positiva la instauración del quinquenato, si bien las reformas institucionales no son precisamente una cuestión que les quite el sueño.

Compleja cohabitación

En un plano más tangible, el quinquenato debe reducir las posibilidades de que se reproduzcan cohabitaciones forzosas como la actual entre un presidente y un primer ministro de signos políticos opuestos. Al hacer coincidir en el tiempo ambas elecciones, legislativas y presidenciales, cabe pensar, aunque no es seguro, que la mayoría se pronunciará en ambos casos en una misma dirección.

No es seguro, porque el electorado francés está educado en la búsqueda del equilibrio político y no parece impresionado por el espectáculo, a veces ruborizante, a que da lugar la cohabitación entre dos líderes, adversarios potenciales, obligados tanto a ponerse de acuerdo como a disputarse el terreno. En sus declaraciones del 14 de Julio último -la fiesta nacional ha sido la fecha elegida en los últimos años por Jacques Chirac para reiterar su oposición al quinquenato- el presidente abundó sobre la idea de que el quinquenato no preserva contra la cohabitación. "Sería un error que yo por lo tanto no aprobaré. En consecuencia", dijo, "yo asumiré mi misión hasta el final y serán entonces los franceses quienes juzgarán y extraerán todas las consecuencias".

Como cabía esperar, en su entrevista televisada de anoche, el presidente pasó sobre ascuas sobre las razones de su radical cambio de opinión - "yo no he cambiado de opinión", llegó a decir- y se pronunció por lo que se ha dado en llamar un "quinquenato seco", es decir, que no conlleva recorte alguno del número de mandatos ni otras reformas. Chirac subrayó que el proyecto de ley constitucional contaba con el acuerdo de Lionel Jospin y advirtió de que si el texto es enmendado en la Asamblea o en el Senado él lo "parará todo". El proyecto de ley constitucional que introduce el quinquenato será sometido a referéndum en otoño próximo, "antes de que termine septiembre", tras ser presentado a las Cámaras legislativas. El pacto entre el presidente y el primer ministro no evitará probablemente un vivo debate parlamentario, puesto que muchos políticos se niegan a que un cambio tan trascendental sea presentado sin pronunciarse sobre su desarrollo futuro, sobre los efectos y consecuencias. Un asunto clave es saber si las elecciones legislativas serán convocadas antes que las presidenciales.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 6 de junio de 2000

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