Cuando yo era mozo y corría delante de los grises o acababa malamente en comisaría, respetables amigos de mis padres comentaban que ellos no creían que Franco fuese un santo, pero "vosotros queréis traernos lo de Rusia"; era vano indicarles que reclamábamos partidos políticos, libertad sindical y prensa sin censura, bienes de los que Rusia no andaba precisamente sobrada. Ellos meneaban la cabeza, que no, que no, ni lo uno ni lo otro. También cuando Hitler subió al poder, apoyado incluso por votos comunistas, muchos le reconocían como un antisemita sin escrúpulos pero señalaban al punto -hay que ser justos y equilibrados- que el poder de los judíos en la banca, la universidad, el arte, etcétera... había llegado a ser agobiante. De modo que ni con el uno ni con los otros. Cuando Jomeini dictó la fatwa contra Salman Rushdie, las personas equilibradas -llamémosles "los equilibristas", para entendernos mejor- repudiaron esa incitación al asesinato, si bien observaron a continuación que no se debe ofender a los creyentes y que había mucho de arrogancia occidental en el revuelo que se montó en torno al asunto. En cuanto a lo de Cuba, bien claro está: cierto que Fidel Castro se está pasando un poco en su afán de perpetuarse en el poder últimamente y que diecisiete mil presos políticos a lo largo de los últimos veinte años parecen a primera vista una cifra abultada, pero la oposición anticastrista de Miami es una mafia vendida el capitalismo yanqui y a los curas, como demuestra la historia de Eliancito, de modo que ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario. Etcétera, etcétera...En el País Vasco, los números de equilibrismo que estamos viendo habrían enorgullecido incluso a Pinito del Oro. Jordi Solé Tura -¡qué cosas!- se muestra preocupado porque quedemos atrapados en las intransigencias simétricas de ETA y del PP. Por lo visto y oído a ciertos cráneos privilegiados, tan grave es el fascismo asesino de quienes dialogan a tiros como el "seguidismo" del PSOE junto a su rival político constitucional: no perdamos el norte, aunque no sepamos dónde está. Tras la enésima destrucción de la oficina de Hacienda en Rentería, Sabin Intxaurraga, responsable -si así se le puede llamar, exagerando un poco- de Justicia en el Gobierno Vasco, condenó la tropelía "porque sólo sirve a los intereses electorales del PP, lo cual demuestra que los extremos se tocan". Claro, lo verdaderamente grave de ETA no es lo que ellos pretenden imponer, sino que favorecen al proyecto político de los auténticos enemigos del pueblo vasco. Tras la resolución tomada en el Parlamento vasco hace unos días solicitando redoblar los esfuerzos para acabar con la violencia cotidiana y proteger a las personas amenazadas, en cuya votación se abstuvieron el PNV y EA, el recién nombrado portavoz peneuvista Juaristi comentó que se trataba de un "brindis al sol", porque la kale borroka (y supongo que por extensión el resto del terrorismo) no acabará "hasta que se resuelva el problema político de fondo". Entiéndase: hasta que se resuelva a gusto de los borrokistas y terroristas, que son los que tienen que decidir cuándo se dan por satisfechos. Y en la campaña de prensa de Deia y aledaños contra el nombramiento como Defensor del Pueblo de Enrique Múgica no deja de mencionarse su actitud contraria al nacionalismo vasco, quizá motivada por el casual asesinato de su hermano por el brazo armado de esa noble ideología, lo que le resta la debida objetividad que su cargo exige. De modo que nada, ni con unos ni con otros, ni frío ni calor, cero grados, ni quito ni pongo rey... pero ayudo a mi señor.
En una tormentosa sesión parlamentaria, hace bien poco, un exaltado mandó al lehendakari Ibarretxe a tomar por culo. Es una forma grosera de decir "nos tiene usted hartos", como llamar al ministro del Interior "dictadorzuelo de república bananera" equivale, con no menor atropello verbal, a indicar que sus explicaciones no convencían a quien así le designaba. La mención al culo del lehendakari suscitó lógicas protestas: ETB, siempre atenta al calor humano de la noticia, dedicó a la efeméride mayor espacio que a algunos acontecimientos más sanguinarios. Y se habló de nuevo de que no se pueden deslegitimar las instituciones vascas, esas que tan evidente respeto despiertan en la izquierda abertzale, intermitentemente aliada con el presente Ejecutivo, hasta el punto de proponer sistemas para abolirlas un día sí y otro también.
Pero ¿somos los no nacionalistas deslegitimadores del Gobierno o es el propio Gobierno vasco, actuando más como nacionalista que como administrador político de todos, quien nos deslegitima constantemente a los que no mostramos suficiente interés en su pretendida construcción nacional? ¿Es de veras legítimo, no en la retórica, sino en la práctica de lo posible, ser vasco no nacionalista y no morir en el intento? ¿No es acaso la obligatoriedad de la construcción nacional, que pasa por la destrucción de la nación realmente existente, la primera y fundamental coartada de quienes matan, incendian, agreden, extorsionan y demás lindezas?
El lehendakari ha expresado su piadoso deseo de que nadie utilice el último crimen de ETA para "aumentar la crispación social". Hombre, supongo que no esperará que sea un paso hacia la reconciliación definitiva, sobre todo cuando él -que tanto lamenta ese asesinato- sigue apoyando y apoyándose en Lizarra, Udalbiltza y demás fantasmagorías recomendadas por ETA o servicios auxiliares en sus diversos comunicados. Desde luego, comprendo que lo nefasto de esa ejecución a sangre fría es lo mucho que favorece a los intransigentes del PP: son tan malos que hasta se dejan matar para poder seguir haciéndose peores. No me extrañaría que la mano cruel de Mayor Oreja estuviese detrás de esta jugada... Además, este último asesinado, como el anterior, era una clara muestra de la incompatibilidad entre españolistas y nacionalistas vascos: el uno estaba casado con una nacionalista y el otro poteaba en el batzoki, era afiliado al sindicato ELA y estaba a punto de convertirse en consuegro de otro peneuvista, además de reivindicar arrogantemente su derecho a pasearse por su ciudad de toda la vida como si fuese inocente. Cuando bien evidente resulta que no lo era, porque por culpa de gente como él están en la cárcel lejos de sus amatxos una serie de gudaris que hicieron ayer con otros no menos malvados lo que sus verdugos justicieros han hecho hoy con él. Nada, que los suelten a todos para empezar a reconciliarnos y que amnistíen antes de cogerlos a quienes le mataron a él, a José Luis López de Lacalle y a los que preparan el próximo atentado. Hay que ser realistas y ceder ante lo imposible, lo indecible y lo indecente.
Señor Ibarretxe, yo no quiero que le den a usted por culo. Pero si tal trance le acaeciese, créame, no es tan malo como parece: se repone uno pronto y hay hasta quien disfruta y todo. Que le peguen a uno cuatro tiros o que le pongan un coche bomba, eso ya es harina de otro costal. No tiene vuelta atrás. ¡Cómo le envidio, señor Ibarretxe, a usted y a quienes sólo tienen que proteger su culo de los desaforados! Los demás, ya ve usted, estamos preocupados por salvar la nuca, que es más frágil. Compréndanos y no nos deslegitime del todo...
Fernando Savater es catedrático de Filosofía en la Universidad Complutense.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 6 de junio de 2000