No hace mucho tiempo, con mi escepticismo a cuestas, me fui desprendiendo de la carga ideológica (acababan de desaparecer, o así lo creí); cambié no sólo de pensamiento, sino también de periódico, pasando indistintamente de uno a otro, pareciéndome que, sobre cualquier tema político de actualidad que suelen tratar, todos tienen razón. Reflexioné entonces que el mejor modo de forjarse uno su propia opinión era el de adquirir a la vez toda la prensa (o ninguna).Cual hijo pródigo vuelvo a EL PAÍS, y me reconfortan los últimos editoriales leídos: Aznarismo, Sin oposición y el reciente Barullo de candidatos, teniendo éstos el denominador común de no dolerles prendas en ensalzar a Aznar, en un caso, y en otro, una cierta crítica a los momentos que está pasando el PSOE. Como se sabe, esto es bastante inusual en los medios de comunicación, generalmente sectarios de su tendencia: es ahí donde se diferencia un gran periódico de otros.- .
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 6 de junio de 2000