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Editorial:

Todos a cinco

Jacques Chirac jugó ayer la mejor baza, con vistas a su posible reelección en 2002, al proponer, tras haberla criticado duramente hace tan sólo unos meses, una reforma constitucional que reduzca el mandato presidencial de siete a cinco años. Una pequeña revolución en una Francia republicana, acostumbrada a mandatos largos, aunque aún sea pronto para enterrar la V República que fundara Charles de Gaulle.Con tono solemne, y ante unos ciudadanos franceses acostumbrados a los súbitos cambios de posición de su presidente, Chirac hizo anoche suya la que en realidad era una propuesta de su máximo rival, su primer ministro socialista Lionel Jospin, dispuesto a hacer aprobar este cambio constitucional incluso en contra del actual presidente gaullista, sabedor de que esta reforma cuenta con un apoyo mayoritario entre la opinión pública. Sus predecesores, Georges Pompidou y Valéry Giscard d'Estaing, se lo plantearon, pero los aires del Elíseo se llevaron estas intenciones y Mitterrand nunca dudó de que la historia bien le debía 14 años en ese palacio. Y, sin embargo, ha sido la larga presidencia de Mitterrand la que impulsó el debate para acortar el mandato, idea apoyada ahora desde fuera por Giscard d'Estaing. Chirac dudaba, pero ha sido la coquetería política -es decir, el interés- la que le ha llevado a hacerse con la iniciativa de esta reforma. Chirac, que disimula su edad cuanto puede, tendrá 69 años en 2002, y cree que ahora tiene más posibilidades de ser reelegido si es para un mandato más corto. Pero ha dejado claro que lo que se recorta es el próximo mandato, no el actual. No quiere que nadie le dicte el calendario.

De hecho, Chirac pretende marcar un ritmo endiablado a la reforma, justamente para que la derecha, que en principio le apoya, no tenga tiempo de organizarse en contra de esta propuesta que toca las más hondas tradiciones francesas, y especialmente de la V República. El trámite parlamentario debería quedar concluido este mismo mes. Y aunque nada le obliga a ello, para seguir marcando la iniciativa en un tema popular, Chirac hará uso de sus prerrogativas presidenciales y convocará en otoño un referéndum sobre esta reforma constitucional, en principio mínima, pero que puede tener amplias consecuencias y servir para lo que Jospin llama "la modernización de la vida política".

A menos tiempo, probablemente menos poderes de hecho para el presidente. Los de derecho son amplios en el terreno exterior, de la defensa o de las reformas políticas. El poder presidencial se crece hasta límites extremos en Francia cuando coincide el inquilino del Elíseo con una mayoría afín en la Asamblea Nacional. Ello puede ser una de las razones por las que, en las últimas décadas, los franceses han repartido las mayorías para forzar la cohabitación, en un sentido u otro, experiencia que ha supuesto un cambio profundo en los usos de la República y por la que nunca tuvo que pasar De Gaulle. De aprobarse, la duración del mandato presidencial coincidiría con la de una legislatura parlamentaria e incluso podría arrojar mayorías similares para el Parlamento y el presidente, limitando las cohabitaciones.

Una vez lanzada por el presidente, le corresponde al Gobierno socialista gestionar la iniciativa, consciente de que Chirac querrá convertir el referéndum en un trampolín para su reelección. Sea como fuere, siete años renovables sin límite -aunque en la práctica nadie haya superado dos mandatos- son demasiados. Con cinco años, Francia se normalizará.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 6 de junio de 2000