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CARTAS AL DIRECTOR

Ante todo, la dignidad

Escribimos estas líneas cuando aún estamos estupefactas por lo que acabamos de leer en la página 31 del diario EL PAÍS del pasado miércoles 31 de mayo.Una noticia proporcionada por Unicef afirma que "más del 20% de las mujeres del mundo sufre maltrato", y viene acompañada por un mapa en el que se señalan una veintena de países con sus respectivos porcentajes de "mujeres que han sufrido abusos o malos tratos".

La realidad que presentan es, ciertamente, brutal: desde el 16% de Camboya hasta el 59% de Japón.

Hasta ahí parece que todo es normal, pero he aquí que en la parte inferior la autora de la noticia presenta "las consecuencias" de esta situación. Con ojos incrédulos, leemos que éstas se limitan a "costes directos, económicos, no monetarios y sociales".

Obviamente, estas conclusiones son importantes, pero ¿nos damos cuenta de que estamos hablando de personas, de seres humanos?

¿Dónde quedan las mujeres que han sufrido esos abusos o esos malos tratos? ¿Acaso ellas no sufren las consecuencias o es que a nosotras o nosotros no nos interesan?

Parece lógico que las primeras consecuencias, con negrita y subrayadas, tuvieran que ver con el atentado a la dignidad de estas mujeres; con la tortura física y psíquica, y las vejaciones, humillaciones, deshumanización, etcétera, a que se les ha sometido; con el atentado a los derechos humanos; con el proceso de irracionalidad y animalización (con perdón de los animales) de quienes las han llevado a cabo.

Es lamentable tener que reivindicar que a las mujeres maltratadas se les reconozca, ante todo y sobre todo, como personas humanas, sujetos de derechos, y no queden reducidas a unos porcentajes desencarnados o a meros costos socioeconómicos.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 6 de junio de 2000