Puede resultar paradójico reseñar una revista que muy pronto dejará de existir. Pero es necesario hablar de la revista Escala, porque estoy seguro de que su existencia ha sido uno de los fenómenos culturales más ricos en el Bilbao de las letras, a pesar de su relativa ausencia de las reseñas. Escala no quiso ser Hermes, cuando todo el mundo suspiraba en Bilbao por volver a la calidad de Hermes, y no quiso ser aquella revista, porque partía desde la mirada a una modernidad distinta. Y, sin embargo, no descuidaba ninguno de los elementos que hicieron de aquélla una revista mítica: colaboraciones internacionales, cuidado diseño, elementos de reflexión y crítica.Kosme de Barañano firma como editor, es decir casi el productor, el hombre que se encargaba de la financiación del producto. Javier Royo -persona que se merece algo más que unas líneas, y de quien volveré a ocuparme- se responsabilizaba de la dirección con la ayuda de Carlos León. Y después imagino a una banda de personas con mucho entusiasmo, entre las que destaco a Patricia Izarra.
Multiplicidad
Al hablar de la revista habría que comenzar por el diseño de las guardas, encargadas en el último número a Miquel Navarro y a Koldobika Jauregui. El núcleo temático -siempre una monografía da cuerpo a la revista- en ese número se ocupaba como centro temático de la ciudad. Una serie de artículos analizan las transformaciones urbanas a finales de milenio: Bilbao y la ría, Valencia, urbanismo y habitabilidad, ciudad y campo. Y otra serie de artículos, en sus lenguas originales, italiano, francés, español e inglés, enriquecen la mirada sobre la ciudad: Benjamin, Ginzburg, Cendrars. Una antología desde lo internacional. La multiplicidad en la revista no es sólo de lenguas. Sobre todo es de lenguajes: fotografía, diseño, texto, fragmento, mapas... una serie de formas de mirar la urbe.
Dos noticias ponen de actualidad a la revista: su presencia en el Reina Sofía en una selección antológica sobre el arte del diseño en la actualidad y el hecho de su desaparición. Pero el carácter monográfico de los números -hace tiempo que cuatro fue tan poco- hará que la revista pueda ser consultada como un volumen colectivo sobre los pensamientos y reflexiones de un equipo de artistas sobre el tiempo que vivimos.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 6 de junio de 2000