La capital europea amaneció ayer al galope. Con música de estribos y una caballería policial patrullando las calles desde primera hora. El suceso no era otro que la inauguración de la temida Eurocopa de 2000, a las 20.45 horas en el remodelado estadio de Heysel -para intentar borrar la huella sangrienta de 1985 hoy se le conoce como Rey Balduino-. Desérticas las calles, por ser sábado, sobre el asfalto bruselense la multitudinaria presencia policial -1.600 agentes movilizados, según dijeron el viernes fuentes de la gendarmería municipal- resultaba inquietante.Las principales avenidas estaban copadas por agentes, ya fueran a caballo, con camionetas blindadas o en motos. Los helicópteros suspendidos en el aire y en zonas como la Grand Place, punto neurálgico de la capital bruselense, los accesos acordonados por 50 agentes. Según la pinta de cada cual, se podía o no acceder a la popular plaza.
Bueno, en realidad la policía tenía un criterio para decidir el derecho de admisión. Así lo reflejó en un comunicado difundido por la tarde: "Durante los días de partido en Bruselas 50 oficiales de guardia en la Grand Place permitirán el acceso a los habitantes locales, turistas y todo aquel que se comporte como un buen padre para que todos puedan disfrutar sin problemas". En ningún punto del comunicado se aclaró cómo distingue la policía bruselense quién es un buen padre. Ni los supuestos para merecer a ojo tal etiqueta.
Por otra parte, la policía belga deportó ayer a 25 aficionados ingleses "sospechosos". El Ministerio del Interior británico manifestó que no se tenía conocimiento de que los hinchas hubieran protagonizado incidentes. Mientras, la policía holandesa arrestó ayer a tres aficionados británicos -uno de ellos fue deportado-, que mostraron "actitudes agresivas", según un portavoz oficial. El arresto se produjo en la localidad holandesa de Hoek van Holland, el puerto hasta donde llegó un ferry con 200 aficionados británicos que viajaron para ver el partido Inglaterra-Portugal, que se disputará mañana en Eindhoven.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de junio de 2000