Las rabietas de su padre, el primer ministro británico Tony Blair, no le quitan el sueño a Leo Blair. Ni tampoco a los fotógrafos que, a pesar del expreso deseo del primer ministro y de su mujer de que no fotografíen a su hijo recién nacido, insisten en enfocar al hermoso bebé. Tras las fotos publicadas el domingo en la prensa británica del bautizo del pequeño Blair, tomadas sin el permiso de sus padres y que abrían la prensa británica con títulos como "Esta es la imagen que Tony Blair no quiere que veais", ayer los fotógrafos volvieron a robar una nueva imagen del recién nacido. Blair ha llevado sus protestas a la Comisión de Quejas de la Prensa. Mientras tanto, su hijo de dos meses, en brazos de un fornido empleado de Downing Street, sigue siendo admirado por todo el mundo.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 1 de agosto de 2000