El escritor onubense Uberto Stábile, de 41 años, acaba de sacar a la luz dos poemarios: Los días contados y Empire Eleison, con los que su currículo de obras publicadas alcanza ya la docena. Uberto Stábile es un provocador de la cultura: en su día fundó en Huelva las denominadas Tertulias del 1900 -un encuentro semanal de escritores que ya ha alcanzado un lustro de vida- y cada año organiza un congreso de editores independientes. Es un poeta de lo inmediato, de la realidad: 'Pero tengo café, tabaco y casa / una estupidez como otra cualquiera / para un crítico de poesía avezado, / un lujo para cerca de un millón de personas / en un país en el que dicen que todo va bien', escribe Stábile en Los días contados.
Pregunta. Usted apuesta abiertamente por un estilo sobrio.
Respuesta. Me gusta el realismo. Yo parto de la realidad como fuente de conocimiento y su interpretación a través de un lenguaje que considero poético. El adorno literario me parece algo semejante a un analgésico, es como una ilusión óptica. Prefiero la belleza desgarrada.
P. ¿Por qué a los escritores les gusta tanto lo que Miguel Delibes calificó en un libro como 'pegar la hebra'?.
R. Porque necesitamos estar en contacto con la realidad y, por supuesto, con los lectores. La Literatura no existiría si no hubiera quien leyera. Pero también nos gusta hablar.
P. Sin embargo, el periodista y escritor Manuel Vicent decía recientemente, lleno de ironía, que las reuniones de escritores habría que prohibirlas.
R. (Risas) No, no. Ocurre que la vanidad de los artistas es a veces tan grande que las petulancias que se escuchan en esas tertulias sería mejor, si no prohibirlas, al menos bajarles el volumen, o escucharlas desde muy lejos, porque ciertamente rechinan a los oídos.
P. ¿A quiénes reconoce como sus maestros literarios?.
R. Sobre todo a los prosistas y poetas norteamericanos. La generación beat fue la que en su día más me influyó. También me gusta Julio Cortázar, y la generación de los 50 española, la de Claudio Rodríguez, Carlos Barral o José Manuel Caballero Bonald. Y sigo con creciente interés a muchos de los poetas jóvenes. A partir de 1990 se está haciendo en España una poesía excelente, a la que me siento muy próximo.
P. ¿Escribir en un lugar de la periferia es llorar?.
R. No, no tanto. El objetivo del escritor nunca debería ser hacerse conocido ni, por supuesto, rico, algo imposible en poesía, que es un arte que no tiene unos fines comerciales. La poesía es una interpretación de la realidad, hay que estar en sintonía con el entorno. Es una manera de estar en el mundo.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 2 de febrero de 2001