Las tarjetas postales son un refugio de un estilo epistolar en días difíciles, ante la rapidez, comodidad y otras ventajas funcionales de un correo electrónico en irreversible expansión. Se escribe hoy menos con la letra propia y es una lástima, porque se va perdiendo, romanticismos aparte, una forma de comunicación personal y en cierto modo estética por la personalidad del trazo íntimo de cada uno. Las postales, en cualquier caso, sobreviven. Su tamaño limitado fuerza la síntesis, con lo que normalmente se expresa a través de ellas un sentimiento, una complicidad, una añoranza o simplemente la urgencia de compartir un momento. Se recurre a ellas cuando se está fuera de las rutinas cotidianas y, en particular, en los viajes. Hasta cierto punto, las humildes postales se están convirtiendo en un tipo de resistencia contra la globalización.
De Berlín recibo al menos una vez al año una tarjeta postal de un amigo filósofo. En gran medida asocio la ciudad a sus comentarios: sobre barrios como Kreuzberg, sobre la Universidad Libre, sobre la música y sus recintos. Berlín arrolla. Se impone escribir una postal.
El ojo del huracán de las polémicas está en el nuevo Museo Judío de Daniel Libeskind, arquitecto polaco residente hasta hace no demasiado en Estados Unidos y acordeonista de lujo (llegó a tocar en el Carnegie Hall de Nueva York) antes de convertirse en una primera figura de los proyectos urbanísticos. El museo se inaugurará el próximo mes de septiembre, con lo que ahora se puede contemplar únicamente la arquitectura a secas. El edificio impresiona y, en cierto modo, es una primera respuesta desde la estética a un encuentro judío-alemán siempre con la sensibilidad a flor de piel. Libeskind ya está indicando un camino por su diseño de escaleras, ventanas, diagonales y hasta un jardín del exilio y la emigración formado por un cuadrado de 49 columnas de hormigón rematadas por otros tantos arbolillos.
Dos exposiciones temporales que se mantienen hasta los primeros días de marzo me han llamado la atención. La de Martin Gropius Bau, bajo el título Teatro de la naturaleza y el arte, muestra, interdisciplinarmente, fondos de la Universidad Humboldt en conjunción con varios institutos arqueológicos, oceanográficos, anatómicos, zoológicos o botánicos. La de la Neue Nationalgalerie se recrea en los mundos surrealistas del arte partiendo de las Cárceles de Piranesi y los Disparates de Goya hasta llegar a los autores más representativos del siglo XX.
Berlín se reafirma, a pesar de las dificultades financieras que sacuden a algunas de sus instituciones más simbólicas (la Filarmónica, o los tres teatros líricos, que durante enero y febrero se han coordinado para ofrecer 35 representaciones de óperas de Verdi). Se percibe en la calle, en la participación popular en la larga noche de los museos, en... El espacio reducido de la postal se acaba. No lleva sello ni letra propia, pero al menos trata de conservar el tono de las postales de verdad, con foto incluida.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 2 de febrero de 2001