El superrreciclaje está dando unos resultados sorprendentes cuando no bochornosos. En principio y a los más modelnos les parecía una solución fantástica, a muchos otros y por propia experiencia les está resultando una factoría asesina. En el Tercer Mundo, un empleo infantil miserable. Y es que la utilización de la miseria sólo puede producir muerte y más miseria.
Parecía feo tirar los restos y los desechos de animales para el consumo humano, aparentemente podía ser un derroche. Pero muchas veces las apariencias engañan, y desde luego ésta es una de ellas. Sin embargo, el gobierno sigue invirtiendo en industria del reciclaje miles y miles de millones. Esta vez han salido las vacas locas. La próxima vez a lo mejor sale el monstruo de Frankenstein.
Dónde está la superministra, dónde están los ecologistas. Cuando se anuncia que todas las reses de un ganado en el que haya un solo animal infectado deben ser sacrificadas aunque estén sanas. Esto más que el gobierno de un país parece un suicidio colectivo.
Pregunto, hay alguien dispuesto a defender los intereses de los españoles. Noto como si nadie me escuchara. Gritaré más alto: ¡Por favor, hay alguien dispuesto a defender los intereses de los españoles! Sigo sin escuchar. No debe haber nadie en esta casa. Dentro de poco también la carne la importaremos, nos convertiremos en sumisos esclavos hambrientos de barcos llenos de carne extranjera.
Dedico estas palabras a todas las vacas sanas que han sido y deben ser sacrificadas, y a todas las enfermas matadas con saña. Firma no una ecologista, cuyas voces nunca escucharemos, sino una incipiente amante de los animales.-
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 2 de febrero de 2001